15 Feb 2021

La tarea de educar implica: enseñar y formar. La enseñanza se orienta a la adquisición de conocimiento: se trata de comunicar saberes, proponer acciones prácticas y ciertos desafíos que motiven la aplicación y transferencia.

Por Moises Pariahuache. 15 febrero, 2021.

Foto: Fomento de la Investigación para la Acción y el Desarrollo (FIAD).

La ruralidad en el Perú es muy variada en cultura, condiciones geográficas, climáticas y en posibilidades de desarrollo. La actividad productiva, precaria en ciencia y tecnología, parece ofrecer un límite para la superación de la pobreza; por eso, las poblaciones de estas zonas anhelan una educación de calidad que les permita mejores condiciones de vida. Por ello, vendría muy bien que el 2021 además de la propuesta educativa de emergencia, llegue una idónea para su realidad.

Antes de la pandemia, hacer educación en una escuela rural era una experiencia de muchos contrastes: había una comunidad organizada, se podía conocer y dialogar con todas las familias, caminar junto a los alumnos y aprender de todos, aunque esto demandaba: esfuerzo físico, reorganización personal, adaptación a las costumbres lugareñas, apertura, sensibilidad, empatía y mucho compromiso. Actualmente, esa cercanía no es posible y la necesidad de educación se agudiza. Es verdad que un maestro no puede solucionar solo los problemas de la sociedad, pero, no puede quedarse indiferente ante ellos. Es este un escenario en la que el maestro puede contribuir con la sociedad y concretar el deseo de ayudar a los demás que suele ser el germen de la profesión docente.

Recuerdo las preocupaciones de una familia de un poblado de la frontera de Perú – Ecuador quienes, mientras sus hijos estaban pequeños, ayudaban en la limpieza y organización de la escuela y los lunes por la mañana trasladaban en una moto a la maestra. Les hacía ilusión cada semana; pero, les preocupaba la educación Secundaria. Evaluaban tres opciones: mudarse a vivir a otra localidad -donde sí había colegio-, que el niño caminara un promedio de cuatro horas diarias para asistir a clases o abandonar la escolaridad; la tercera opción les generaba resistencia. Conocían muchos casos así, sobre todo de niñas, y no querían ese futuro para sus hijos.

La deserción escolar es alta en las zonas rurales y, quizá esta sea una causa de la pobreza crónica. Gustavo Yamada (2016) estima que la probabilidad de ser pobre material según nivel educativo es del 29% si solo se tiene Primaria completa y 13% si solo se tiene Secundaria completa; esto se reduce por debajo del 6% si se accede a educación superior. Un gran desafío es, por un lado, reducir el índice de deserción; y, por otro, organizar experiencias educativas que justifiquen el esfuerzo que hacen los estudiantes para participar en las actividades escolares.

En el interior de las escuelas no deja de sorprender la evolución de los niños y no cesa la preocupación por sus dificultades. Podría tenerse impresiones como las de la maestra Muriel, un personaje icónico de la novela “Cinco panes de cebada” de Lucía Baquedano, quien con sus brillantes calificaciones es asignada a una escuela rural. Ahí se encuentra: una escuela abandonada, solo una familia dispuesta a acogerla, a los niños parecía no importarles nada… pero, su vocación pudo más: dio vida a una biblioteca y muchos niños hicieron volar su imaginación, algunos padres se hicieron lectores, una niña logró ir a estudiar a la ciudad; pero, Muriel no quería que los niños se quedarán en el pueblo, como de costumbre; ni que se fueran de ahí: ella quería que aprendieran y pudieran tomar decisiones con criterio.

Sin duda, que uno de los fines de la educación es ayudar a que la persona sea libre; a tener condiciones para poder tomar decisiones y hacerse responsable de estas. Pero: ¿cómo lograrlo en las condiciones actuales, desde una educación remota?

La tarea de educar implica: enseñar y formar. La enseñanza se orienta a la adquisición de conocimiento: se trata de comunicar saberes, proponer acciones prácticas y ciertos desafíos que motiven la aplicación y transferencia. En todo ello, ayuda el libro texto o las guías temáticas y, una guía de tareas y proyectos de aprendizajes para el estudiante -debidamente organizada y codificada- que puedan ser remitidas al profesor para la oportuna retroalimentación.

Por otra parte, la formación implica una consideración holística de la persona: ayudarla a crecer en su integridad, que aprenda a ser: forje su carácter, aprenda a convivir y a proyectarse en la vida. Esto resulta viable con la formación de buenos hábitos que perfeccionen las facultades superiores. Se la puede orientar desde el trato personal, por lo que se deben buscar los mecanismos de comunicación y cooperación que hagan esto posible.

Este es un artículo de opinión. Las ideas y opiniones expresadas aquí son de responsabilidad del autor.

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