Foto: ANDINA.

Toda decisión financiera, sea personal o empresarial, se toma en base a dos criterios opuestos: liquidez y rentabilidad. La primera se refiere a la capacidad de tener suficiente efectivo y a tiempo, para cumplir con cualquier tipo de obligación como: pagar la luz, agua, teléfono, cable e Internet y las cuotas de los préstamos o financiamientos solicitados. No basta tener la cantidad requerida, también es importante que esta esté disponible a tiempo.

La rentabilidad, por otro lado, se puede analizar desde dos puntos de vista. Uno de ellos es el beneficio económico al realizar una inversión o dejar un dinero ahorrado. El otro está asociado con la tasa de interés pagada por los financiamientos obtenidos.

Cuando se decide beneficiar la liquidez, se perjudica la rentabilidad. Y cuando decidimos beneficiar la rentabilidad, perjudicaremos la liquidez.

Si usted va a un supermercado, muchas veces encontrará las famosas ofertas “lleve tres y pague dos”. Consciente o inconscientemente, si usted acepta esta oferta (“hay que aprovecharla”, dice la gente) está tratando de rentabilizar la compra pues, por el precio de dos, lleva tres. La pregunta es ¿realmente necesitaba esas tres unidades o solo una de ellas? En este ejemplo, al beneficiar la rentabilidad, ha perjudicado su liquidez pues ha pagado por dos productos cuando originalmente solo pensaba comprar uno. En este mismo ejemplo, si no toma la oferta, está sacrificando esa “rentabilidad” (pagar dos y llevar tres) en beneficio de su liquidez (compra y paga solo lo que necesita).

¿Cuál es la mejor decisión? Pues, eso dependerá de la coyuntura en que se tome la decisión. Si hay suficiente liquidez, una parte se puede sacrificar buscando obtener rentabilidad. Del mismo modo sucede en el caso contrario.

Este es un artículo de opinión. Las ideas y opiniones expresadas aquí son de responsabilidad del autor.

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