06 Abr 2021

Reducir la pobreza es un gran reto. Reflexionemos sobre algunos puntos claves de este proceso.

Por Gabriel Natividad. 06 abril, 2021.

Foto: ANDINA.

Empecemos por preguntarnos por qué es tan difícil que las personas de bajos ingresos salgan de ese estado. Hay dos visiones; la primera afirma que todos acceden a oportunidades similares en la sociedad, pero algunos son más productivos o eficientes que otros.  Por ende, quienes son menos productivos eligen libremente oportunidades acordes a su nivel de habilidad, las cuales son menos rentables y resultan en un menor ingreso.

La segunda visión afirma que el acceso a oportunidades depende de la situación inicial de cada uno; por lo tanto, las personas de menores ingresos no tienen otra opción que tomar oportunidades poco rentables, perdurando su situación inicial. Esto da cabida a las famosas “trampas” de pobreza.

Aunque ambos puntos de vista tienen el mismo resultado, es importante entender cuál es la real, porque tienen soluciones diferentes. En el primer caso, bastaría con varias mejoras pequeñas para ir cambiando paulatinamente la situación económica de las personas.

Sin embargo, la segunda visión requiere de un plan más estructurado. Debido a la “trampa”, cualquier ayuda debe ser lo suficientemente grande como para trasladar a las personas al otro lado de la barrera que les condena a elegir entre opciones poco rentables. De lo contrario, por más que el programa ayude en el corto plazo, las personas regresarán a su estado inicial al solo disponer de malas opciones.

La evidencia más reciente, como anota Balboni et al. (2020), se pronuncia a favor de la segunda visión. Y, ello debería llevarnos a cuestionar algunas ideas de los candidatos.

Por ejemplo, muchos proponen reducir impuestos, y los trámites, para reducir la informalidad. Pero, tal como recapitulan La Porta y Shleifer (2014), la baja productividad de las empresas informales limita el éxito de estas políticas. Entonces, si bien algunas empresas que están muy cerca del alcanzar un nivel de productividad sostenible se beneficiarían, muy pocas cumplen con este requisito como para que estas políticas funcionen.

Por lo tanto, se necesita una solución más estructurada para salir de esta “trampa”. La Porta and Shleifer recomiendan dos medidas. La primera, favorecer la expansión del sector formal para que absorba al sector informal mediante la generación de más empleo. Y, la segunda, aumentar la formación y capacitación de los emprendedores para así evitar empresas de productividad baja.

Es un proceso largo, pero sería bueno ir sentando bases sólidas.

Este es un artículo de opinión. Las ideas y opiniones expresadas aquí son de responsabilidad del autor.

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