21 Abr 2021

Pantallas electrónicas y agotamiento cerebral

Vivimos en una época donde la tecnología reina e impera en todos los niveles y estratos sociales, y mucho más desde que la pandemia inició. Es muy común ver a niños de toda edad frente a la pantalla de un celular, una tableta, laptop o computadora, desarrollando sus clases, sus trabajos o entreteniéndose con videos, películas o en las redes sociales.

Los adultos les entregan sus celulares para que estén “tranquilos” durante el almuerzo, cuando esperan al médico y en muchos otros momentos, sin medir las consecuencias que esto traerá en su comportamiento.

La psicóloga española Valeria Sabater, en uno de sus recientes artículos, habla del gran costo del uso intensivo de las nuevas tecnologías, para los niños, pues los lleva a ser más hiperactivos de lo normal en la adolescencia, con un estado de ánimo irritable, apático, malhumorado, insomne, nervioso e incluso contestón.

Agrega que muchos piensan que están criando a la generación más cansada y apática de la historia, aunque no podemos generalizar pues hay excepciones. Desde un plano psicológico y clínico, estamos siendo testigos de cómo niños de entre 9 y 15 años evidencian ya trastornos de ansiedad, alteraciones del sueño, trastornos depresivos o bipolares.

Hay quien señala que detrás de estas condiciones estaría, en realidad, el efecto de un uso intensivo y poco adecuado de las nuevas tecnologías; y, al parecer, buena parte de estas condiciones desaparecen cuando se reduce o elimina el uso de pantallas electrónicas.

Según Common Sense Media, casi la mitad de los niños menores de 8 años tienen su propia tableta y pasan 2,5 horas en ella. La Sociedad Americana de Pediatría recomienda que los niños de entre 2 y 8 años no pasen más de una hora al día con estos dispositivos, con supervisión de un adulto; y nunca mientras comen.

Las pantallas electrónicas aceleran a los niños; porque duermen cada vez peor, cuando deben dormir más horas que los adultos. Les cuesta conciliar el sueño y no alcanzan un descanso profundo, reparador y sostenido durante la noche. La explicación está en la luz de las pantallas electrónicas, que reducen la liberación de melatonina y producen, además, serios desequilibrios hormonales.

Finalmente, estos aparatos agotan la energía cerebral de los niños que viven inmersos en un universo digital. Lo más preocupante es que estamos criando niños que ya no entienden el ocio sin lo digital y están dejando a un lado la socialización directa, el mundo real e inmediato. Reflexionemos y actuemos ahora con prudencia y sabiduría.

Este es un artículo de opinión. Las ideas y opiniones expresadas aquí son de responsabilidad del autor.

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