Sin duda, con motivo de la celebración del Bicentenario de la Independencia, el 28 de julio estaremos recordando el inicio de la vibrante proclama de don José de San Martín: «El Perú, libre e independiente». El homenaje que corresponde a estas palabras invita a recapacitar sobre ellas.

Por Luis Eguiguren. 17 mayo, 2021.

Sin duda, con motivo de la celebración del Bicentenario de la Independencia, el 28 de julio estaremos recordando el inicio de la vibrante proclama de don José de San Martín: «El Perú, libre e independiente». El homenaje que corresponde a estas palabras invita a recapacitar sobre ellas.

Yendo al Diccionario de la Lengua Española, en su última actualización (2020), leemos esta definición de libertad: «Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos». Indagando por la palabra «facultad», en el mismo diccionario se encuentran dos significados: Aptitud, potencia física o moral. Poder o derecho para hacer algo. La libertad es entonces, por un lado, una «aptitud» y, por otro, un «poder» o «derecho». La opción de esta reflexión recae en el primer significado: «aptitud».

También según el diccionario mencionado, «aptitud» es: «capacidad para operar competentemente en una determinada actividad. Cualidad que hace que un objeto sea apto, adecuado o acomodado para cierto fin. Capacidad y disposición para el buen desempeño o ejercicio de un negocio, de una industria, de un arte, etc. Suficiencia o idoneidad para obtener y ejercer un empleo o cargo”. En estos cuatro significados, la «aptitud» se entiende como algo que se justifica para un cierto objetivo o fin. Entonces, la libertad, siendo una «facultad», una «aptitud», no se justifica plenamente por sí misma; en cambio, tiene su razón de ser en lo que a través ella —y solo por ella— se consigue: el bien. Se comprende así que la libertad esté unida a la responsabilidad de lo que se puede lograr ejerciéndola.

La relación entre libertad y responsabilidad ha sido objeto de estudio del destacado médico y psicólogo humanista Viktor Frankl (1905-1997), en especial en su libro: «El hombre en busca de sentido», considerado un best-seller, con 12 millones de ejemplares vendidos, publicados en diversos idiomas. Este libro tiene el interés de haberse gestado a partir de las vivencias de su autor, sometido a una de las mayores privaciones de la libertad que pueden darse: la de estar cautivo en un campo de concentración por varios años, durante la Segunda Guerra Mundial.

En su obra, publicada en 1946, Viktor Frankl se expresa así:

«La libertad, sin embargo, no es la última palabra. La libertad es sólo una parte de la historia y la mitad de la verdad. La libertad no es más que el aspecto negativo de todo el fenómeno cuyo aspecto positivo es la responsabilidad. De hecho, la libertad está en peligro de degenerar en mera arbitrariedad si no se vive en términos de responsabilidad.”

Viktor Frankl, quien desde muy joven se preguntaba por el sentido de su vida, plantea que los elementos constitutivos de la existencia humana son tres: libertad, responsabilidad y espiritualidad.

Así explica «espiritualidad» el artículo de Felipe Miramontes sobre Frankl en Philosophica: Enciclopedia Filosófica on line, disponible en internet: «espiritualidad antropológica (…) indica la manera de ser propia del ser humano, para distinguirlo de cualquier otro ser. En este elemento es donde se manifiestan las auténticas motivaciones humanas, sus aspiraciones más elevadas, sus tendencias existenciales personales, la captación de los valores más sublimes que le permitan cumplir el sentido al que está llamado.»

A partir de las tesis de Frankl puede entenderse que la libertad es mucho más que la ausencia de cualquier límite para elegir, aunque pareciera, a primera vista, que así lo fuera. La libertad, es una facultad natural, una aptitud que tiene por objeto encontrar el modo de vida de más calidad.

Reconocemos que, seguramente, no es fácil llegar a convencerse de que la libertad es algo más que la total independencia de todo y de todos. Al respecto, dijo Frankl: «recomiendo que la Estatua de la Libertad en la costa este [de los Estados Unidos, en Nueva York] se complemente con una Estatua de la Responsabilidad en la costa oeste».

A dieciocho años de su fallecimiento, el 2015 se inauguró la Estatua de la Responsabilidad en el oeste de Estados Unidos, en el campus de la Universidad del Valle de Utah (Utah Valley University). La obra del artista Gary Lee exhibe dos brazos, con cada mano sujetando la muñeca opuesta, como si una mano tirara de la otra hacia el cielo. Simboliza la responsabilidad como compromiso con los demás en el ejercicio de la libertad. Invita, cortésmente, a meditar sobre la libertad y la responsabilidad firmemente entrelazadas con la independencia y la solidaridad.

Este es un artículo de opinión. Las ideas y opiniones expresadas aquí son de responsabilidad del autor.

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