01 Jun 2021

Luis Jaime Cisneros y la vinculación de las universidades

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El motivo de la fatiga era “la incursión de la política en la universidad” y -sigue el reporte- la posición de Cisneros buscaba acoger lo digno de esa preocupación, pues la primera tarea de la política era la educación y debía dignificarse la enseñanza despertando el amor por la ciencia con un verdadero amor por el Perú.

Por Carlos Arrizabalaga. 01 junio, 2021. Publicado en El Peruano

Foto: Gustavo Kanashiro (Flickr/fotocroma)

Se ha cumplido el centenario de Luis Jaime Cisneros (1921-2021), insigne lingüista, profesor universitario y, por muchos años, director de la Academia Peruana de la Lengua. Egresado de la Universidad de Buenos Aires, se especializó en Filología y Lingüística y al incorporarse al claustro docente de San Marcos y de la Universidad Católica en 1948-49 destacó por haber traído al Perú las más recientes teorías sobre el lenguaje. Con Enrique Carrión funda la revista Lexis (1976), de lingüística y literatura. Hoy, es una de las pocas revistas indexadas de la especialidad que se publican en Sudamérica.

Fue discípulo del lingüista navarro Amado Alonso, quien con el gran Ángel Rosenblat estimularían en él una lectura crítica de Pedro Benvenutto Murrieta, al tiempo que reconocían “cuánto significaba ese libro en el contexto peruano de la época». Apreciables eran su actitud inquisitiva y perspicaz y su inconmensurable interés por seguir aprendiendo de los cientos de libros de su envidiable biblioteca, muchos de los cuales estaban abiertos o llenos de papeles y notas, esperando la redacción de un artículo o un libro. Escribió algunos importantes sobre el funcionamiento del lenguaje y las formas de relieve en español (la Estilística de Bally), adelantándose en su interés a los recientes estudios sobre el análisis del discurso. Desde 1953, no dejó de preparar libros destinados a la enseñanza de castellano a nivel escolar y universitario. Igual acumulaba acucioso sus comentarios a los Peruanismos de Martha Hildebrandt, su gran colega y amiga. Sus últimos trabajos fueron sobre Espinosa Medrano, el Lunarejo, pero aún quería hacer más.

En 1999, dictó una conferencia y un taller a profesores de enseñanza media en Piura. Lo había hecho muchas veces, pero su entusiasmo era inédito. Explicaba el tema del sustantivo sin artículo que elaboró Amado Alonso con una maestría inusitada, y leía fragmentos de Borges de maravilla. “El objetivo de la secundaria no es preparar alumnos para la universidad sino preparar personas para la vida.” La reportera Elena Belletich anotó con especial cuidado sus respuestas. A los estudiantes de Educación les sugirió no cejar en su empeño: “Si persisten no desmayarán ni perderán confianza, no se detendrán por alguna modificación en el horizonte.” Y, un pensamiento de su gran amigo Eugenio Coseriu: “si usted reflexiona sobre el lenguaje lo hace en verdad sobre la realidad y el destino del hombre”.

En agosto de 1953, fue invitado a dictar un cursillo y conferencias por las celebraciones del patrono de la Universidad Nacional San Agustín de Arequipa. “Existe verdadero interés entre el elemento intelectual de Arequipa por ir a dar la bienvenida a este notable literato peruano”, decía el diario El Deber de esa ciudad, anunciando su llegada en el vuelo de Faucett, ese viernes 28. Incluía una reseña completa (hasta algo exagerada) de los trabajos, títulos, méritos y cargos del profesor, todavía joven secretario de la revista Mar del Sur.

El 31 de agosto, el rector Isaías Mendoza del Solar, agradeció la presencia de Cisneros, “renovador de las ideas lingüísticas en el Perú”. Habló sobre los valores expresivos del lenguaje, la emoción y la posibilidad de la traducción entre las lenguas, recordando el idealismo de Humboldt y Alonso. Ofreció otro cursillo sobre sintaxis en el Colegio Militar Francisco Bolognesi. Se refirió también a la influencia musulmana y la afirmación española del Arcipreste de Hita en su “Libro de Buen Amor”. Un libro difícil que invita a penetrar en el corazón del hombre y en las razones encubiertas del buen amor pues “de cuidarse que miente, dice mayor verdad”.

“Esta vinculación de maestros capitalinos y provincianos que el viaje mío ha propugnado -señala en su discurso de despedida- debe hallar entre sus frutos primeros, más allá de la beneficiosa amistad que acá ha nacido, más allá del contacto con alumnos arequipeños, el de convencernos a todos de que, sin embargo, de tanta fatiga porque atraviesa la universidad peruana, hay en los universitarios la fuerza capaz de abrir la luz en las tinieblas.”

El motivo de la fatiga era “la incursión de la política en la universidad” y -sigue el reporte- la posición de Cisneros buscaba acoger lo digno de esa preocupación, pues la primera tarea de la política era la educación y debía dignificarse la enseñanza despertando el amor por la ciencia con un verdadero amor por el Perú. Muchas cosas han cambiado desde entonces, pero las preocupaciones más hondas de Cisneros siguen resonando con fuerza en nuestras universidades.

Este es un artículo de opinión. Las ideas y opiniones expresadas aquí son de responsabilidad del autor.

 

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