2003 | Padre Gastón Garatea Yori SSCC

Categoría: Actividad Profesional Destacada
Otorgado a: Padre Gastón Garatea Yori SSCC
Propuesto por Mesa de Concertación para la Lucha contra la Pobreza


Padre Gastón Garatea Yori SSCC

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En reconocimiento a su efectiva labor de concertación nacional para la lucha contra la pobreza en nuestro país.

Nació en Lima en 1940. Estudió en el Colegio Recoleta – Sagrados Corazones, luego estudió Teología en Chile donde se formó como sacerdote y obtuvo el grado de Licenciado en Teología. Entre 1967 y 1972 se desempeñó como profesor del colegio donde estudió.

Desde el inicio, mantuvo una preocupación por los pobres de su localidad, por eso en 1975 fue destinado a la Prelatura de Ayaviri (Puno) donde inició un trabajo con las comunidades cristianas campesinas. Entre 1976 y 1982 se desempeñó como Padre Provincial de los Sagrados Corazones. En 1981 fue elegido Presidente de la Conferencia de Religiosos del Perú, que agrupa a las diferentes congregaciones católicas del país.

En 1982 fue elegido también vicepresidente de la Conferencia Latinoamericana de Religiosos. En 1984 fue designado como Director del Colegio Recoleta SSCC, que ha impreso desde su fundación una sensibilidad social y espiritual a sus alumnos.

En 1992, participó como asesor teológico de la Conferencia Episcopal Peruana en la Conferencia Episcopal Latinoamericana de Santo Domingo. Entre 1992 y 1997, se desempeñó como asesor pastoral de Cáritas, donde le tocó diseñar y proponer programas y proyectos destinados a luchar contra la pobreza.

En 1997 regresó a la Prelatura de Ayaviri, como Vicario General a hacerse cargo de una parroquia y trabajar con los jóvenes y mujeres campesinos de la localidad, cargo en el que se desempeñó hasta el 2001. Entre el 2000 al 2001 desempeñó el cargo de Director del Instituto de Pastoral Andina, con sede en Cusco.

Actualmente es Presidente de la Mesa de Concertación para la Lucha contra la Pobreza y miembro de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación.

El jurado

  • Ing. Juan de Madalengoitia
  • Dr. Guillermo Velaochaga
  • Sra. Susana Baca
  • CPC Luis Coleridge
  • Ing. Ignacio Soto

Discurso de presentación

Discurso de agradecimiento

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Sr. Dr. Ralph Coti, Sr. Antonio Abruña, Sr. Pablo Ferreiro, miembros de jurado, señores congresistas.

La primera cosa que me nace es decir gracias por esta distinción que siento muy inmerecida. Me da ganas de explicarles cómo me siento, siento que se trata de un error, que lo que han querido hacer es una cosa muy buena, pero se han equivocado de persona, a lo mejor les han dado mal el nombre o la dirección equivocada, pero no me siento realmente merecedor de una distinción de este tipo. Sin embargo, tengo que reconocer que los motivos que ponen para el premio tienen algo que ver con mi vida, no por lo que haya hecho, sino porque fundamentalmente tiene que ver con mi ser de religioso, sacerdote de los Sagrados Corazones, congregación a la que pertenezco.

Como sacerdote religioso estoy llamado a servir al pueblo, desde el corazón del pueblo, a ese pueblo al que he sido enviado para cumplir una misión al estilo del Señor Jesús, no para hacer lo que yo quiero, sino para hacer lo que el Evangelio de Jesús me muestra como tarea fundamental entre mis hermanos.

Mis hermanos de congregación son una escuela de vida fundamental y en esa escuela aprendí lo que es tener como ruta el servicio en la entrega de la propia vida. Ciertamente que mis motivaciones son principalmente religiosas, pero no se quedan en las nubes, sino que en lo sencillo y en lo pobre va encontrando la verificación de su propia verdad y quien sabe lo que más me duele es no tener la calidad que debería tener.

He caminado por muchas partes, haciendo siempre lo que pensaba que era lo propio de quien quiere mostrar la verdad del Evangelio para que todos pudieran tener más vida, es verdad que la tarea me ha quedado grande, pero el gusto de haberlo intentado no me lo quita nadie.

En 44 años de religioso y 37 de sacerdote puedo decir que he tenido una existencia feliz y así como tengo que pedir perdón, también tengo que dar gracias al Dios, en quien creo, y al que quiero entregarle cada vez más mi vida y a tanta gente que me ha enseñado y me enseña, todos los días, a caminar sirviendo por este mundo en el que me ha puesto la vida.

Quiero agradecer de una manera especial a las personas de las Mesas de Concertación para la Lucha contra la Pobreza, que son quienes según me he enterado, me han propuesto para este Premio, les debo y agradezco muchísimo todo el calor humano que me brindan y que me permite caminar con paso seguro en un mundo tan lleno de pobrezas como el nuestro.

También, quiero dar las gracias a mis compañeros comisionados de la Comisión de la Verdad, con quienes me siento profundamente solidario en la tarea que aún tenemos entre manos. Hemos caminado juntos por caminos escabrosos que nos han enseñado muchísimo de lo que son los hombres, nuestros hermanos, en lo bueno, en lo generoso y en lo inhumano que hay dentro de todos nosotros, hasta límites insospechados, para ellos toda mi gratitud.

A mi familia un agradecimiento muy especial, con ellos aprendí a compartir la fe, la experiencia de vivir juntos y sobretodo la esperanza de un mundo nuevo y mejor para todos. Son muchos los motivos que tenemos para dudar en un futuro cercano, pero allí dentro de todos nosotros hay esa seguridad que nos llama a seguir trabajando en la transformación para lograr un mundo mejor. Creo que es lo mejor que nos dejaron nuestros padres y que también comparten con nosotros los jóvenes, quienes llenos de ilusiones se preparan para servir más y mejor.

Quiero compartir ahora unas pequeñas reflexiones cortas de lo que nos parece importante en nuestra tierra. Creo que nuestro país necesita de personas, personas bien estructuradas que quieran servirnos.

En la medida en que uno avanza en la vida siente ganas muy grandes de proclamar que nuestro país, el Perú, necesita cada día más, de gente que quiera servirlo generosamente, no de gente que quiera servirse del país.

La experiencia vivida por todos nosotros en estos últimos tiempos es ciertamente muy inhumana, pues hemos experimentado con dolor y vergüenza que son muchos los que se han servido de lo que es el país, sus bienes, sus gentes, sus ilusiones, sus proyectos y muchas de sus realizaciones que se han visto destruidas inmisericordemente.

Quien sabe, desde nuestra Lima no se sienta siempre esa necesidad, porque la selva de cemento no nos deja ver lo que realmente pasa entre los peruanos, peruanos que viven en un desvalimiento impresionante. No es que sepamos qué hacer, sino que a veces no sabemos con quién hacerlo. Gente en la que confiábamos nos muestran facetas que desconocíamos y tienden a buscar lo suyo antes que lo de los demás. Han salido a buscar fortuna fuera de su realidad, pero sin ningún deseo de integración con los que dicen que quieren servir.

Muchas veces uno tiene que callar, pero eso no significa no darse cuenta. Por otro lado, hay muchísima gente buena, digna de toda nuestra confianza que no está en condiciones de una entrega generosa, ya sea por falta de preparación o porque sencillamente este mundo no le ha mostrado esa faceta que alegra la vida.

Da la impresión que el mismo mundo corrompe, saca lo mejor de cada uno para dejar sólo lo que es rasgos egoísmo, de individualismo, de falta de generosidad. Quien ha trabajado con jóvenes sabe perfectamente que eso se logra a base de esfuerzos y de experiencias gratificantes que lo llegan a replicar través esos sentimientos llenos de humanidad que sencillamente nos humanizan en la medida que salimos de nosotros mismos.

Amar al prójimo no es únicamente un sentimiento, sino que es también una acción que parte de lo mejor de nuestra experiencia, de esa experiencia única que es servir porque se quiere, porque se aprecia, porque se tiene en cuenta que la entrega ennoblece, que le da sentido y rumbo a la propia vida

Vivimos en un país lleno de necesidades, de angustias y que necesita realmente de gente que quiera servir. No podemos pensar que se busque otra forma de mirar nuestra realidad. La nación peruana que está formada, no puede sostenerse si es que la gente, su gente, no quiere servir. Hablamos mucho de servicio, pero en la realidad la práctica entre nosotros es más de servirse que de servir.

La verdad es que no hemos logrado entusiasmarnos unos a otros por lo que es dar la vida por los que uno ama. Hay gente que lo vive y nos muestra que es algo posible, pero no se trata de contentarnos con lo que se puede hacer desde un punto de vista personal, que ya es bien importante, sino que tenemos que desencadenar todo un movimiento de servicio a los peruanos, por los peruanos, desde la situación que tengamos.

Lo personal no es la única dimensión que nos interesa, lo comunitario tiene una importancia inmensa. En ese sentido tenemos que reconocer que nuestros campos llenos de sabiduría nos enseñan estas dimensiones que la ciudad oscurece y esconde, pero que también son bellas.

El ser con otros, es, quién sabe, una dimensión importante que aún no sabemos tomar en cuenta de verdad, es decir, peruanos con peruanos. Como miembro de la Iglesia de Cristo tengo que decir que en estos tiempos, por los trabajos en los que estoy metido, vuelvo a descubrir ese dato precioso que nos dejó el Concilio Vaticano II en su reflexión evangélica sobre el mundo: “no estamos hechos para servirnos a nosotros mismos, sino que la propia Iglesia esté hecha para servir al mundo y servirlo en lo que necesita ser servido”.

Quien sabe, lo que el mundo necesita más es ser servido en humanidad. Nuestra Iglesia Latinoamericana, con la lucidez espléndida de los finales de la década de los 60, habló de la opción por los pobres, en una opción por la humanidad, que en su mayoría, aquí entre nosotros son pobres.

Pero la opción por los pobres no es de ninguna manera, una opción económica. Pienso que todos estamos llamados a tener esa opción en su integralidad, en la que ciertamente lo económico ocupa un lugar importante, pero de ninguna manera lo único, lo importante lo más importante es lo humano. Técnicos para solucionar el problema económico los tenemos y saben hacer su trabajo, pero de lo humano estamos caídos.

Hoy día estamos lejos de la tentación de decir que la Iglesia es la que tiene que hacer todo, de ninguna manera, pero me parece que la Iglesia está en condiciones de dar lo suyo en este aspecto, junto a otros hermanos que también tienen ese sentido de humanidad que les impide dejar de lado a quienes tienen derecho a una vida digna y en este sentido yo le agradezco mucho a lo que me ha dado la Teología, pero de esa Teología que parte de una verdadera experiencia de Dios en medio de su pueblo, para mí personalmente esa es la verdad.

Se camina en medio de un pueblo con el Evangelio en la mano sabiendo que el mensaje de Jesús no es un documento que hay que saber, sino que se trata de una vida que hay que contagiar. Si se estudia es para vivir, en ese sentido en nuestros pueblos sencillos hay escuelas de verdadera Teología que nos llevan a pedir perdón porque muchas veces no le prestamos toda la atención a lo sencillo que de verdad tienen y tienen esa presencia de Jesús que en el mismo Evangelio nos anuncia “Tuve hambre y me diste de comer; tuve sed y me diste de beber”.

La Teología me ha enseñado a descubrir la presencia del Señor de la vida que está en nuestros pueblos, pero esa Teología que es camino, ruta de seguimiento de un Señor nos pide la vida entera, para que otros tengan vida. Poco a poco, con la lucidez de los años y la lucidez de los afectos he ido descubriendo que se trata de una consagración grande y total, es un camino consagrado entre otros caminos consagrados que también son muy valiosos y respetables como lo son el matrimonio, el celibato.

El Signo como decimos, el Sacramento que tiene que ser la Iglesia se da de muchas maneras y todas importantes, ¿cuál es el mejor?, no importa. Quiero que me ayuden a vivir este camino que entre humanos tenemos que recorrer, quiero ser un amigo de ruta que ojala pueda hacerles más sencillo y agradable el esfuerzo que todos llevamos por dentro.

Agradezco este premio a la Fundación Clover, a este jurado tan generoso, pero lo agradezco en nombre de los pobres, de los sencillos de mi tierra con los que de alguna manera quiero compartir la vida que me queda por delante.

Gracias.

Padre Gastón garatea Yori SSCC

Lima, 12 de agosto de 2003

Ceremonia de premiación: 2003

Ceremonia de premiación: 2003

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