2004 | Dr. Antonio Brack Egg †

Categoría: Actividad Profesional Destacada
Otorgado a: Dr. Antonio Brack Egg
Propuesto por Rotary Club de Camacho


Dr. Antonio Brack Egg

Por su trabajo infatigable en la investigación y difusión de la biodiversidad del Perú y el manejo de los recursos naturales”

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Biólogo y catedrático universitario nacido en Villa Rica en 1940.  Reconocido investigador, consultor y divulgador de la diversidad biológica y la conservación de los recursos naturales.

En su labor de promoción sobre la conservación de los bosques, la vicuña, las plantas nativas, los humedales y las especies en vías de extinción, dirigió asimismo el programa televisivo “La Buena Tierra”, sobre econegocios, manejo de cultivos andinos, ecoturismo y afines, el mismo que goza de acogida entre el público.

Actualmente se desempeña como consultor en el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, y dirige el programa de televisión “La Buena Tierra”, que se transmite a través del canal estatal.

Tiene en su haber, desde 1961, más de 150 artículos y 17 libros publicados sobre el tema de medio ambiente. A lo largo de más de cuatro décadas de labor, se ha desempeñado como docente en las áreas de medio ambiente y gestión de recursos naturales en las universidades de La Molina, San Marcos, Alcides Carrión (Pasco), San Martín de Porres y la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana (Iquitos).

Se reconocen asimismo sus aportes para el establecimiento de áreas protegidas en el Perú, como el Coto de Caza El Angolo, Parque Nacional Cerros de Amotape (Piura), Reserva Nacional de Junín, Santuario Nacional de Huayflay (Pasco), Reserva Nacional de Paracas, entre otros.

Recibió el Premio Campodónico “Por su trabajo infatigable en la investigación y difusión de la biodiversidad del Perú y el manejo de los recursos naturales”. Años después tuvo a cargo la comisión preparatoria para la creación del Ministerio del Ambiente, luego fue nombrado como primer ministro en este sector.

Sobre la candidatura:

El doctor Antonio Brack fue propuesto al Premio Esteban Campodonico en el Área de Actividad Profesional Destacada por el Rotary Club de Camacho. Inicialmente fue avalada por la Directora del Programa de Pequeñas Donaciones del PNUD-GEF, Emilia Bustamante, y por el Ing. Enrique Toledo, director ejecutivo del Fondo de Desarrollo Forestal.

Los proponentes destacan, además, que los estudios y trabajos técnicos elaborados por el doctor Brack han servido al gobierno y a organizaciones no gubernamentales para tomar decisiones importantes en materia de protección de flora y fauna silvestre de nuestro país.

Asimismo, resaltan su amplia experiencia y conocimientos sobre el medio ambiente, que son compartidos con los alumnos de colegios y universidades, y a través de su vasta labor de comunicación mediante la publicación de libros y artículos incluso fuera del Perú.

La iniciativa fue avalada por casi un centenar de cartas y mensajes que llegaron desde diversas zonas del país: Loreto, Piura, Cusco, Puno, Huancayo, Lambayeque y Lima; y también desde el exterior, vinculadas en su mayoría a personalidades, organizaciones y dependencias dedicadas a la protección del medio ambiente y los recursos naturales.

El jurado

  • Dr. Antonio Mabres
  • Ing. Enrique Agois (EPENSA)
  • Dr. Jorge Chau (IGP)
  • Sr. José Cavassa
  • Ing. Luis Zapata, Premio Campodónico 1999

Discurso de presentación

Discurso de agradecimiento

Discurso de Antonio Brack Egg
Premio Esteban Campodonico Figallo 2004 en el área de Actividad Profesional Destacada

Sr. doctor Ralph Coti, director de la Fundación Clover

Sr. doctor Antonio Abruña, rector de la Universidad de Piura

Sr. doctor Antonio Mabres, presidente del Consejo Consultivo de los Premios Esteban Campodonico

Estimadas amigas y amigos

Al recibir el Premio Esteban Campodonico la primera palabra que aflora a mis labios es la de la gratitud y de las gracias sinceras al Rotary Club de Camacho, quienes me propusieron como candidato; a tantas personas buenas que apoyaron la candidatura; y a los miembros del jurado, que, a final de cuentas, son los responsables de este honor tan grande.

Un sentido recuerdo y homenaje al doctor Esteban Campodonico Figallo, ilustre médico italiano, quien llegó al Perú a los 13 años y estudió medicina en Lima. El doctor Campodonico nos dio una muestra de altruismo al dejar parte de su fortuna para premiar a peruanos que hayan realizado acciones a favor del país y de sus conciudadanos.

Esta actitud altruista es hoy muy rara en nuestro país, donde no es común reconocer el esfuerzo de ciudadanos que, con frecuencia, en forma silenciosa y por largos años, con mucho sacrificio, se empeñan en destacar valores, realizar acciones altruistas y de desprendimiento personal, y buscar salidas a los agobiantes problemas nacionales en los diversos campos.

En esta ocasión vienen a mi mente con mucha emoción tantas personas que a lo largo de 43 años de mi vida científica han sido como luces que se encendían a lo largo de la ruta y me guiaron por un camino plasmado de incertidumbres y de dificultades.

Mis padres, agricultores sencillos y apenas con educación primaria, fueron el soporte inicial. Mi madre, Cristina Egg, me contaba de muy niño cómo mi abuelo, Luis Egg, coleccionaba a principios del siglo XX decenas de especímenes de las selvas de Pozuzo para el Museo Británico en Londres. Esta tradición familiar se impregnó en mi mente y por primera vez escuché que las mariposas y otros insectos se coleccionaban en frascos con cianuro y que luego el abuelo los destruyó para que los hijos no sufrieran ningún daño.

Recuerdo a doña Narcisa, curandera yanesha de Villa Rica, que era la posta médica de mi madre, en una zona aislada y sin ayudas de afuera. Gracias a ella los ocho hermanos logramos sobrevivir, y de ella aprendí las primeras experiencias del uso de las plantas medicinales. La sabiduría ancestral de esta curandera aborigen me acompañó durante la vida y me enseñó que existe mucha ciencia y sapiencia en el campo y entre las personas sencillas.

Recuerdo la obra monumental de Antonio Raimondi, “El Perú”, que llegó a mis manos a los 12 años y donde afanosamente leí los viajes del ilustre sabio italiano y hasta hoy recuerdo uno de los párrafos donde da un consejo de enorme sabiduría: Jóvenes peruanos, dad tregua a la política y dedicaos a conocer vuestro país y los inmensos recursos que contiene.

Recuerdo que durante la educación secundaria tuve un profesor e ilustre botánico, Jaroslav Soukup, quien durante 25 años publicó la revista BIOTA y de la que hasta hoy tengo la colección completa. En esa revista a los 21 años tuve la dicha de publicar mis primeros artículos sobre el oso de anteojos y las comadrejas del Perú. Con él tuve ocasión, en mis vacaciones, de ir varias veces al campo, como ayudante de herbario, y aprender la botánica y el uso de muchas plantas por los pobladores rurales.

Al mirar hacia atrás vienen a la mente tantas personas con las que tuve la ocasión de compartir sufrimientos, alegrías, ideas e inquietudes. Recuerdo con gran emoción a don Bartolomé Torres, de la Comunidad de Santa Cruz, en la cuenca alta del río Huaura, cuando aquel 24 de mayo de 1974 hacíamos el censo de vicuñas y acampamos en la Cordillera. Al atardecer se veía en lontananza perderse las siluetas de los cerros y le pregunté: ¿Don Bartolomé, usted ha recorrido todos esos cerros y esas quebradas? Y él me respondió: Mucho cerro, poco tiempo. Allí comprendí que para conocer el Perú no alcanza una vida; se necesitan generaciones de peruanos.

Después de conocer casi todo el Perú y su maravillosa gente, y conocer otros 41 países y la Antártida, debo reconocer que he tenido la inmensa suerte de nacer, crecer y disfrutar del Perú, un país único, por sus posibilidades y por la bendición de la naturaleza, que a los peruanos nos ha servido una bandeja de diversidad de riquezas.

El Perú es un país maravilloso, donde desde hace 10 mil años se cultivan plantas y se crían animales, y que, en el transcurso de los milenios, con la paciente labor de las diversas culturas, se han domesticado 182 especies de plantas y cinco de animales, y donde en cada rincón se encuentra el tesonero trabajo y la enorme sabiduría de la gente, transmitiendo conocimientos, seleccionando variedades y razas, y luchando para que los logros de milenios no se esfumen ante el avasallador avance de la moderna biotecnología y los organismos modificados por la ingeniería genética.

Esas gentes rurales, que dieron al mundo la papa y la cura de la malaria, son hoy, por desgracia, despreciadas y están empobrecidas por la injusticia de nosotros los peruanos, que no sabemos apreciar el valor de sus logros y de sus conocimientos, y no nos damos cuenta de que, cuando disfrutamos de un choclo, de un ají, o de una chicha morada, estamos precisamente usando lo que sus ancestros hicieron y lo que sus descendientes de hoy atesoran con cierto temor y una gran incertidumbre.

Hoy nuestro país se debate en chismes y discusiones políticas sin rumbo ni horizonte, y lo que da una profunda pena es que los jóvenes quieren irse de la Patria, que los vio nacer, porque perciben que aquí no hay futuro.

Es reconfortante ver, cuando uno recorre el país, que existen muchos peruanos y muchas instituciones, que trabajan para construir un país mejor y transmitir conocimientos, principios y valores. Pero llama profundamente la atención que esos aspectos positivos no tengan el realce necesario y que los peruanos sepamos tan poco de aquellos que en silencio, pero con un profundo compromiso, van construyendo el Perú de mañana, que, sin lugar a dudas, va a ser mejor que el actual.

Pensemos y reflexionemos que al Perú lo estamos tratando mal y que nuestro país no se merece lo que está viviendo.

El Perú no se merece la contaminación creciente del aire, de las aguas y de las ciudades. No se merece que miles de niños en los centros mineros de Cerro de Pasco y de La Oroya tengan plomo en exceso en la sangre.

El Perú no se merece que los suelos del ande estén afectos a una enorme erosión y que eso significa más pobreza para la gente, como sucede en Huancavelica.

El Perú no se merece que nuestros bosques sean saqueados y que varias especies forestales valiosas sean cada vez más escasas, como sucede con la caoba.

El Perú no se merece que en los últimos 50 años se hayan extinguido 11 grupos aborígenes en nuestra Amazonía, y que sus conocimientos tradicionales hayan quedado sepultados para siempre.

Pero pensemos, también, que nuestro país ha obtenido logros gracias al esfuerzo de sus ciudadanos.

Hemos recuperado la vicuña, de cinco mil ejemplares en 1964 a más de 160 mil en la actualidad, y hoy somos el primer productor de la fibra más cara del mundo.

Hemos salvado de la extinción a la pava aliblanca en Lambayeque gracias al esfuerzo de Gustavo del Solar y de la Fundación Backus, y que hoy ejemplares nacidos en cautiverio han sido reintroducidos con éxito en Chaparrí y se están reproduciendo.

Hemos logrado establecer uno de los sistemas de áreas protegidas más destacables del mundo, que llega a casi 17 millones de hectáreas, y estas áreas son imprescindibles para conservar la biodiversidad del planeta y son un potencial enorme para el ecoturismo.

Las comunidades tradicionales rurales conservan y atesoran miles de variedades de papas, de maíz, de tomates, de granos andinos, de camote, de yuca y de 623 especies de frutales.

A pesar de las contradicciones y de los pesimismos, debemos estar convencidos de que el Perú es un país viable y que puede tener un enorme futuro como país de acuicultura, de plantaciones forestales, de manejo de bosques, de ganadería de camélidos andinos, de producción orgánica, de recursos genéticos y de ecoturismo con gente que mira al futuro con optimismo.

Como escribió Basadre, el Perú es al mismo tiempo problema y posibilidad. Los problemas están para ser solucionados juntando las manos, poniendo los hombros y buscando un futuro mejor con base en objetivos a largo plazo. Dejemos las discordias y las rencillas para ver el camino de nuestras posibilidades. Creo que es tiempo de que los peruanos pensemos en nuestras posibilidades y en nuestras potencialidades, y si hemos hecho ya cinco mapas de la pobreza, estamos frente al reto de hacer el mapa de nuestras riquezas y de nuestras potencialidades.

Hoy deseo, ante ustedes, agradecer al Gran Pachacámac, el hacedor de todo, por haberme permitido hacer algo por mi país, y confesarles que siempre he caminado sobre la delicada piel de la Pachamama, la Madre Tierra, con la delicadeza de un hijo para hacer el menor daño a la madre que nos da el sustento.

En esta ocasión, no me queda otra cosa que decir gracias; mirar hacia el futuro con una sonrisa de optimismo de ver un Perú mejor con el esfuerzo de los peruanos de buena voluntad; y asumir el compromiso de seguir trabajando con ahínco, porque muchos, muchos amigos, me apoyan y me siento rodeado de tanta gente buena.

Finalmente, quiero agradecer a Cecilia, mi compañera de tantas andanzas, por haberme apoyado con cariño, con comprensión y con paciencia tan grandes. Ella es una luz intensa que me ilumina a través de la angosta trocha de la vida.

Muchas gracias

Antonio Brack Egg
Premio Esteban Campodonico Figallo 2004
Actividad Profesional Destacada

Ceremonia de premiación: 2004

Ceremonia de premiación: 2004

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