“Me da pena la permanente pestilencia que sufre Piura”

Por Nelly Trelles Castro

Piura-desagüe; Piura- alcantarilla; Avenida-calle-urbanización-huecas y polvorientas:   Sí, Piura, la maloliente. ¿Qué pueden hacer la población, las instituciones y, especialmente, las autoridades responsables o el llamado “Consorcio Piura?”.

La lengua, el lenguaje verbal, definida como un sistema de signos que sirven para comunicar  y expresar nuestras  ideas, pensamientos, conocimientos, no solo es útil para dar información fría y descarnada sino que a través de ella expresamos lo que  pensamos y sentimos.  Para algunos, la comunicación es la única finalidad del lenguaje. No siempre es así, pues aunque el lenguaje es principalmente comunicación, también es expresión más o menos desinteresada y espontánea de conocimientos, ideas, pensamientos, estados de ánimo, necesidades, deseos…

Fue el filólogo ruso Román Jakobson quien de los seis elementos que intervienen en el proceso de comunicación (Emisor, mensaje, receptor, canal, código –idioma- referente  o realidad aludida en el mensaje-), extrajo seis funciones del lenguaje: expresiva, apelativa, fática, la metalingüística y la más importante referencial o representativa, (que actúa  como telón de fondo en toda comunicación humana por el hecho de que éste siempre es significativo).

Hoy me detendré solo en la función expresiva y en la apelativa, tomando un ejemplo de la realidad diaria. El lenguaje es vida y con él comunicamos y expresamos acontecimientos del vivir  cotidiano. En el siguiente ejemplo, fruto de mi experiencia personal, que muchas veces aplico en las clases con mis alumnos de Lengua, se nota el usos de estas funciones: Una persona comenta a otra la pena que siente de ver a Piura en una situación tan patética  desde hace meses. Podría decirlo con pena o en son de queja: “Los piuranos vivimos en condiciones inhumanas, casi inmersos en desagües y pestilencias mañana, tarde y noche”. Puede continuar:

“Observo pusilanimidad, desidia, indiferencia y apatía, no solo de las autoridades sino de la población ante la incapacidad, ineptitud y tardanza en el arreglo del sistema de alcantarillado de la ciudad.  Estamos creando una cultura  en donde lo “normal” son los  olores nauseabundos y “calle – avenida desagües y pestilentes”. Piura ahora es un pueblo atrasado y  maloliente; con igual o más peligro de contaminar a la población como  ahora  en Japón con las plantas atómicas. La diferencia es que en Japón se debió a un desastre natural y se han tomado medidas inmediatas para solucionar los problemas, aún a riesgo de la vida,  la población contribuye. Eso  trabajo serio y responsable, profesional…

Piura, ni siquiera parece una ciudad del siglo antepasado, puesto que esa época ya existían las acequias que los pobladores construían por las afueras del pueblo para evitar la contaminación de su gente. Es lamentable ver cómo se  va perdiendo el respeto por uno mismo – nos deshumanizamos-  cuando vamos a pie o en carro por calles anegadas o vemos, como si nada pasara, a personas comiendo  en medio de aguas putrefactas y hediondas.  Los desagües afloran, a cualquier hora del día y por cualquier sitio del distrito. Si es por la tarde o noche en  la mañana  el  sol abrasante  lo seca y aspiramos ese polvo como pan de cada día. Así, vivimos en un círculo vicioso: calles anegadas de aguas servidas, arreglos a medio acabar o abandonados, desagües, calles polvorientas, huecos, charcos. Trabajos mal hechos o a medio hacer, incompetencia, indiferencia…”. Hasta aquí, lo que podría ser ejemplo de función expresiva.

Ahora,  un ejemplo sobre la función apelativa o de llamada:

“Creo que  falta  garra para hacer un verdadero periodismo de investigación e ir a la raíz del asunto, noticias que nos den datos concretos. Por ejemplo,  nombres de las compañías encargadas de tales trabajos, responsables, inversión, cronogramas de trabajo, contratos, etc. Tenemos derecho, a saber, pues pagamos nuestros arbitrios.

Asimismo, quienes tienen a su cargo la salud de la sociedad: EsSalud, Minsa, no se manifiesta  informando del daño tremendo que causa la suciedad a quienes la padecen día tras día. Deberían dar cifras de cuántos menores de edad, jóvenes, adultos o ancianos han muerto o están en grave riesgo por los virus, bacterias  y microbios que inhalan cada día.

Pensemos en nuestra niñez, nuestra juventud, y en el ejemplo de conformismo que les estamos dando, haciéndoles creer que es normal vivir como animales, entre el hedor y charcos de los desagües.

Estimados lectores, que no solo sean un recuerdo las canciones de nuestros compositores que hablan de “Piura de mis amores… Pero al percibir tu “encanto”, Piura quiero yo quedarme”.

 

Docente.

Facultad de Humanidades.

Universidad de Piura.