“La educación empieza por casa”

Para la Mgtr. Gabriela Verónica Alcalá Adrianzen, docente de la Facultad de Ciencias de la Educación de la UDEP, no solo basta una reforma en la educación, se necesita urgentemente cultivar los valores en el seno familiar.

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Hace unas semanas, la Dirección Regional de Educación presentó el Plan de Seguridad y Autoprotección Escolar, que tiene como objetivo erradicar la violencia, el hostigamiento, la intimidación y cualquier acto considerado como acoso entre los alumnos de las instituciones educativas. Pero, ¿es suficiente?.

Si bien es cierto que la actual crisis de valores, que existe en la sociedad, obliga a establecer reformas educativas que paleen la decadencia social que se vive; de nada valdrán estos esfuerzos para mejorar la calidad educativa, si no existe una preocupación por parte de los padres en educar correctamente a sus hijos.

El principal problema es que los padres han delegado su deber de primeros educadores a terceros, y ahora esto está pasando factura con altos costos sociales, morales, afectivos y emocionales. Existe una incapacidad por parte de los padres para formar personas honorables, pues están muy ocupados en sus asuntos de “adultos” y culpando  de los males de sus hijos a esos mismos terceros: Estado, colegio, amigos, bandidos del barrio, videojuegos, internet, televisión, o incluso, otros miembros de la familia.

Para la Mgtr. Gabriela Verónica Alcalá Adrianzen, docente de la Facultad de Ciencias de la Educación de la UDEP, la conducta de un niño en la escuela se ve influenciada por diversos factores; pero el principal es la familia pues esta cumple un rol fundamental en la conducta del niño. Si al niño se le brinda un ambiente familiar tenso y conflictivo provocará que este reaccione con violencia (verbal o física), y si por el contrario se le brinda una ambiente pacífico y reflexivo generará que el niño adopte conductas respetuosas y equilibradas.

Así mismo, precisó que son los padres los principales responsables de  trasmitir valores concretos con el ejemplo: “se trata de vivir lo que queremos que nuestros hijos aprendan. No sirve de nada, por ejemplo,  pedirles que sean sinceros si nosotros mentimos abiertamente frente a ellos cuando no tenemos excusa por nuestro comportamiento. Debemos ser coherentes entre lo que somos y lo que queremos que ellos sean”.

Alcalá Adrianzen recalcó la importancia de una comunicación constante y de calidad: “habla con ellos y escúchales, si no sabemos lo que piensan y sienten nuestros hijos no podremos ayudarles con nuestro consejo oportuno. Para esto es necesario planificar momentos concretos en los cuales podamos compartir nuestras preocupaciones, alegrías y proyectos con ellos, hacerlos sentir importantes y al mismo tiempo darles importancia a lo que a ellos les preocupa, les interesa y quieren lograr en su vida diaria”.

Es necesario que los padres comprendan que es vital que vivan la armonía en el hogar. “Si nuestros hijos ven armonía en la familia, serán capaces de vivir en armonía con otros fuera de ella, la buscarán y la harán prevalecer porque la disfrutan y entienden su necesidad. Por el contrario si lo primero que recibe un niño al llegar a casa es una reprimenda por no haberse portado bien, lo que generamos es un círculo vicioso que continuará con un mal comportamiento como respuesta a lo recibido en casa”. Resaltó la especialista.