Los periodistas en ambos lados de la noticia

El repudio absoluto a los medios aparece cuando los periodistas ven que la víctima sobre la que se informa resulta cercana.

El pasado 26 de febrero, las redes sociales se inundaron con una llamada de adherencia al ‘repudio absoluto’: “La lamentable noticia sobre lo ocurrido con nuestro colega Luis Choy afectó profundamente la sensibilidad del gremio periodístico. Nunca imaginamos que un colega se volvería parte de la noticia y mucho menos con ese fatal desenlace. Es por eso que la Asociación de Fotoperiodistas del Perú REPUDIA ABSOLUTAMENTE el reportaje emitido por Frecuencia Latina el domingo en su programa Reporte Semanal y se pregunta: ¿Qué sentido periodístico tiene emitir un vídeo donde se aprecia a nuestro colega Luis Choy tendido en la acera ensangrentado y agonizando? ¿Qué esperamos de la sociedad, si existe un medio de comunicación que difunde imágenes sensacionalistas para saciar su hambre de rating morboso? SEÑORES DE FRECUENCIA LATINA, RESPETEN EL LUTO DE LA FAMILIA Y EL HONOR DE LUIS CHOY”.

Cuando leía el texto, recordaba el accidente y posterior muerte del periodista Álvaro Ugaz en marzo del 2009, y el tacto, respeto y mesura con la que fue tratado el hecho por sus colegas: distancia prudente y respetuosa hacia la víctima; ausencia de la cámara inquisidora que busca mirar dentro del vehículo; y los primeros planos de familiares y amigos llorando. Para los ciudadanos comunes, el comportamiento profesional suele ser muy distinto.

En el caso del periodista Luis Choy, la cobertura fue distinta: se mostraron imágenes de la víctima agonizando y se especuló sobre las motivaciones del crimen. Y esto provocó la reacción del gremio periodístico.

¿Por qué se espera un trato distinto cuando los implicados están ligados por vínculos profesionales o amicales a un medio de comunicación? ¿En qué se diferenció el caso de Álvaro Ugaz al de Luis Choy? ¿Es que con el tiempo los medios y sus profesionales se están haciendo menos sensibles?

Esta invitación al repudio absoluto que se lanzara en las redes sociales aparece cuando los periodistas ven que la víctima sobre la que se informa les resulta cercana. Se ha dejado de lado la ética profesional en el ejercicio. Vale recordar que los periodistas no están por encima del resto de la población. Al ejercer el periodismo, se cumple con un papel importante para la sociedad: el de representar a la población a la que se informa, haciendo uso del derecho a la información. Derecho que es de todos y no solo de los que ejercen el periodismo.

Esa llamada de atención debería hacerse siempre, hasta que se vuelva a poner en la agenda de los medios el respeto a la dignidad de la persona, priorizar la profundidad de la información sobre la superficialidad morbosa de las imágenes violentas; y el rating deje de utilizarse como pretexto para pretender entender a un país complejo como el Perú, simplificándolo con la medición de 680 aparatos distribuidos (480 en Lima y 200 en diferentes provincias) a lo largo del Perú.

Que quede claro: el rating es un indicador de aparatos encendidos. Puede ser también entendido como el repudio al silencio en casa. El rating no es necesariamente “lo que le gusta a la gente”.

Ese mismo comunicado de la Asociación de Foto-Periodistas del Perú (AFPP) se podría redactar nuevamente eliminando la palabra “colega” y los nombres propios, para utilizarlo siempre y en cada caso en el que el deber profesional, obnubilado por la búsqueda de rating, se olvide del respeto a la dignidad de las personas y el dolor ajeno.Image