Reflexionemos sobre nuestra peruanidad

Una reflexión sobre lo que significa ser peruano y la responsabilidad que tiene para lograr el progreso de este país.

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“El pisco es peruano. El cebiche es peruano y, con dosis imprudentes de ají, incluso más peruano que el pisco. Como la granadilla, la chirimoya, la guanábana, la lúcuma. El caballo de paso peruano es peruano por definición. La vicuña y la alpaca son auquénidos peruanos… Machu Picchu es peruano. Es peruana esa ave nacional bautizada, con diminutivo cariño, “gallito de las rocas”… El perro más feo del mundo es el perro sin pelo de Perú… La exageración es peruana: la plaza de toros más antigua de América, la línea férrea más alta del mundo, el diario más antiguo de Sudamérica, el río más largo, más ancho y más caudaloso del planeta, la universidad más antigua de América, el lago navegable más  alto del mundo, los cañones más profundos, el algodón más fino, la pachamanca más grande del mundo, la palta más suave, el maíz de grano más grande y más suave…” (Extracto del libro “Dios es Peruano”).

Vivir en un país con tanta historia y con una vasta riqueza cultural es el mayor orgullo nacional que se puede sentir. Sin embargo, aún no sabemos cómo aprovechar al máximo el potencial económico, histórico, cultural y turístico que tenemos; por el contrario, solemos admirar lo de afuera y no logramos maravillarnos con nuestra historia, con lo nuestro.

A nuestra economía le sigue yendo bien, pero el crecimiento económico no es sinónimo de desarrollo y menos de desarrollo humano. Y si hablamos de política, por lo que hemos podido observar en los últimos días, el gobierno actual está en crisis: la aprobación presidencial desciende y el nivel de confianza en los políticos está por los suelos.

Resulta más fácil echarle la culpa de la actual situación a quienes nos han gobernado y nos gobiernan que asumir nuestra responsabilidad de la crisis social y de valores por la que atraviesa el Perú: ese es el peor defecto que tenemos; no caemos en cuenta de que son nuestras acciones diarias las que forjan este país.

¡Reconozcámoslo!, son nuestros malos hábitos y decisiones erradas las que disminuyen, merman y detienen el progreso del país, aquellas como cuando aceleramos nuestros vehículos en luz  ámbar y nos pasamos la luz roja o cuando jamás le damos el pase a un transeúnte en el cruce peatonal. Cuando nos estacionamos en zonas para personas con discapacidad o cuando coimeamos a un policía para evitar una papeleta, tiramos la basura al piso, robamos señal de cable o electricidad o cuando no protestamos si el chofer de una combi comete alguna imprudencia. También frenamos el desarrollo cuando permanecemos como meros espectadores ante actos injustos, nos interesamos más por lo que hace o dice la farándula y no por nuestra cultura; cuando ganamos un puesto de trabajo no por esfuerzo o talento sino por vara; cuando no respetamos las ideas de los demás o nos creemos superiores. Todas estas actitudes no nos permiten desarrollar.

Es necesario cambiar el país. Necesitamos y merecemos vivir en un Perú viable e integrado; aprovechemos estas Fiestas Patrias y analicemos nuestras acciones y actitudes y propongámonos ser mejores peruanos, ciudadanos de calidad. Ayudemos a arreglar nuestro país y no nos quedemos lamentando lo que perdimos; miremos hacia adelante para forjar un futuro realmente mejor, en todos los sentidos.

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