“Tan bueno es el español de España como el de Perú”

Carola Tueros, máster en Formación de Profesores de Español como Lengua Extranjera y docente de la Universidad de Piura, resalta la riqueza e importancia del buen uso del castellano.

Hoy, 23 de abril, se celebra el Día del Idioma Castellano en conmemoración del fallecimiento del gran literato español Miguel de Cervantes Saavedra. Conozcamos algunos datos importantes del origen de nuestra lengua; y a través de ejemplos, dónde radica su riqueza y singularidad.

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Carola Tueros, docente de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Piura.

¿Hablamos ‘español’ o ‘castellano’?

En el territorio peruano hablamos español o castellano, que viene a ser lo mismo si nos referimos a la lengua o al idioma. Cabe indicar que con mayor legitimidad podríamos utilizar el nombre español (lengua española o idioma español) por ser la lengua oficial de España y de otros países (en especial americanos) que fueron conquistados precisamente por España en el siglo XV.

El nombre de castellano ha sido dado por tradición, por haber nacido en el reino de Castilla. Recordemos que el castellano, desde una perspectiva diacrónica, es un dialecto del latín llevado a la Península por los conquistadores romanos. Este evolucionó primero por las invasiones de los pueblos germanos; y, después, por las invasiones de los musulmanes para luego consolidarse en los últimos tiempos de la Reconquista. Se extendió con la monarquía castellana por la península Ibérica y por los territorios del Nuevo Mundo, lo que dio lugar a una de las comunidades lingüísticas más pobladas de la Tierra.

¿Es el español que se habla en España, nuestra lengua ‘oficial’?

Como ya afirmaba,  español o castellano es lo mismo. Pero, si hablamos de particulares o formas de uso del idioma, podemos notar diferencias entre el español europeo y el español americano. Una de las diferencias notorias, por ejemplo, es el seseo. Nosotros somos seseantes porque en lugar de utilizar el fonema interdental fricativo sordo /θ/ (el sonido de la letra “z”), empleamos el fonema fricativo alveolar sordo /s/ (el sonido de la letra “s”); por tanto, si pronunciamos “caza” y “casa” no hay diferencia alguna en la oralidad, mas sí en la escritura, tendríamos palabras homófonas (suenan igual), pero no homógrafas (se escriben diferente). Si un americano pronuncia “me voy a cazar”, podría apelar a dos significados: ‘se va de cacería’ o ‘contraerá nupcias’, no lo sabremos si no lo aclara el orador.

En cambio, si un español dice “me voy a cazar” no cabe posibilidad de duda porque el sonido interdental marca la diferencia y restringe el significado solo a la “cacería”. Repito que esto sucede en el lenguaje oral, puesto que en el escrito el cambio de la “z” por la “s” visualmente marca la diferencia.

¿Dónde radica la riqueza del español?

En su pluralidad de significaciones. Una palabra no solo tiene varias acepciones, por ejemplo, Lima puede ser la fruta, la capital del Perú o el instrumento para pulir; sino que el significado de las palabras también puede cambiar por áreas geográficas, por ejemplo, la palabra “chibola” o “chibolo” en Perú hace alusión a una persona que está en la niñez;  en El Salvador, por otra parte, designa a la gaseosa o la canica. Entonces, si me comunico con un peruano puedo decir: “Hablaré con ese/a chibolo/a”; pero no: “Tomaré ese/a chibolo/a”, que sí sería aceptable en El Salvador. El significado de las palabras cambia acorde con los contextos comunicativos. Por eso hay que tener mucho cuidado en la elección de las palabras y en el modo de organizar estas unidades básicas del idioma porque la riqueza de un idioma depende del modo cómo lo hablan y utilizan las personas nativas y no únicamente de su cuantioso caudal léxico o listín de palabras.

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¿Cuál es la importancia de los niveles del habla?

Cabe aclarar que hay variantes en una misma lengua –es utópico hablar de una lengua única- y que la lengua castellana no es uniforme. Tenemos variantes diatópicas o geográficas que dependen del área geográfica. Uno puede saber de dónde es un habitante peruano simplemente analizando cómo estructura las oraciones y cómo es su pronunciación. Hay variantes diastráticas o sociales que dependen de la edad, del sexo, de la situación social o profesional. Son los diferentes niveles lingüísticos que por cultura poseen los hablantes: nivel superior o lengua culta, nivel medio o lengua familiar, nivel popular empleado en ambientes de poca cultura y la jerga o lengua marginal; y, por último, variantes diafásicas o registros que obedecen al contexto o situación comunicativa. No le hablamos igual a nuestro sobrinito de cinco años que a nuestro gerente de la empresa o compañía donde trabajamos, al policía, a nuestros padres o a nuestro mejor amigo, etc.

¿Cuán importante es usar un lenguaje culto?

Es muy importante tener o guiarse de un nivel superior o culto del lenguaje porque mantiene la unidad de nuestro idioma, y sirve como punto de referencia para la corrección y para la estabilidad del idioma. Este es el modelo ideal de lengua conocido más que lenguaje culto como lengua estándar. Algunos lo llaman así “lenguaje culto” porque la lengua estándar está sujeta, en gran parte, a la norma culta. Su importancia deviene de evitar el empleo de cualquier tipo de particularismos para no identificarse necesariamente con ninguna región, ningún estrato social, ni con registro alguno. Es una norma “neutra”, que en general es empleada por los medios de comunicación y en especial, podemos encontrarla en los noticieros de televisión. Cabe recalcar, no obstante, que ni siquiera esta es la “lengua” ideal, puesto que no deja de ser una variedad más.

En el Perú por tradición se ha considerado que la norma estándar es el castellano limeño del nivel culto. Por lo general es así, los estándares hispánicos corresponden a las capitales de los países en los que se habla español. Es importante, asimismo, no confundir norma con reglas ortográficas o gramaticales: la norma la impone la comunidad lingüística; de este modo, un diccionario o un manual de gramática se consideran válidos cuando son fieles a la realidad de la lengua en el nivel culto del grupo al que corresponden.

¿Cree que los peruanos damos mal uso al español?

Ya hemos mencionado que dentro de una misma lengua se producen variedades, el idioma no es igual en todas partes ni en todas las épocas. Debemos recalcar que no hay un castellano mejor que otro, tan bueno es el español de España como el de Perú,  México, Chile, Uruguay, Argentina, Colombia, etc., pues todos responden a la norma culta de cada país. Por ende, que los peruanos demos mal o buen uso del español  dependerá del nivel de lengua que  se use y en qué momento, para qué y cómo lo usa. Por ejemplo, si un peruano se comunica todo el tiempo y en todo contexto en jerga o en replana, obviamente, estaría dándole un mal uso al español porque los niveles inferiores favorecen el vulgarismo que provoca la diversificación e incomprensión entre los hablantes. Sin embargo, si una jerga es utilizada solo en un contexto específico y con un propósito determinado, como podría ser el imitar la manera de hablar del hampa, pues no habría un mal uso porque cumple con ese objetivo específico de emular esa forma de hablar.