Ahora toca una oposición responsable

Se acabaron las elecciones municipales y regionales. Los resultados han quedado casi cerrados. A partir de enero de 2015 otras autoridades nos gobernarán y esperamos que puedan hacer aportes rescatables y permanentes para lograr convertirnos en una región modelo en el mediano plazo.

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¿Y los candidatos que perdieron? ¿Qué se espera de los movimientos, alianzas y partidos políticos que no lograron triunfo alguno en esta contienda electoral? Lamentablemente, lo más probable es que las alianzas y algunos movimientos regionales desaparezcan. El tema de los partidos políticos es más trágico: han llegado a tal descrédito que la población les ha quitado la confianza. En este momento, el APRA, Perú Posible, PPC, Acción Popular, están en la lona política sin muchos visos de una remontada en el corto plazo. Por otro lado, varios movimientos y alianzas regionales son un vientre de alquiler y desaparecerán sin dejar rastro.

En esa línea, debido a la falta de responsabilidad, conciencia y compromiso, muchos de los candidatos que perdieron también desaparecerán de la arena política. ¿Esto debería pasar? La pregunta tiene un rotundo ‘No’ como respuesta, tal como lo señala el doctor Carlos Hakansson, constitucionalista de la Universidad de Piura. Este es el momento en que deben pasar a una segunda fase de su preparación para irse cuajando como políticos comprometidos: les toca hacer una oposición responsable.

Ante la falta de partidos políticos consolidados y teniendo en cuenta que las propuestas y mensajes se construyen bajo la imagen de una persona y no sobre la de un partido, toca a los excandidatos ejercer su deber de observar problemas y proponer alternativas ante las posibles falencias de las autoridades en curso. Construir sociedad desde la oposición y no destruir gestiones por fines nada ciudadanos.

En estos últimos días hemos leído que muchos de los perdieron han comprometido su apoyo a los ganadores. Esperemos que no sean declaraciones efectistas. A los ciudadanos responsables también nos toca hacer vigilancia al comportamiento de las palabras, hechos y compromisos de los que dicen ‘querer a Piura’. Que esto no solo se escuche en ciertos meses cada cuatro años sino que sea como el amor del bueno: un querer eterno.