El hambre en el mundo

Alberto Peña Hernández, médico pediatra y experto en Nutrición y Dietética de la Universidad de Piura, analiza el panorama actual de la malnutrición en el mundo y en el país.

Ante el reciente informe que señala que unos 805 millones de personas padecen hambre en el mundo y que 2000 millones estarían en estado de malnutrición o ‘hambre oculta’, viene bien recordar el llamado hecho por el papa Francisco: “Delante del escándalo mundial que significa la existencia de aproximadamente mil millones de personas que aún hoy sufren el hambre, no podemos dar vuelta la cara para el otro lado y fingir que esto no exista”.

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Fuente: infovaticana.com

El Índice Global del Hambre (GHI) publicado por la International Food Policy Research Institute (Ifpri). También indica que el hambre ha disminuido en un 39% en la última década (en 100 millones de personas) y que en Latinoamérica y el Caribe es donde más se ha avanzado en la lucha contra el hambre, Sin embargo, la nutrición inadecuada sigue teniendo un enorme impacto sobre los pobres y vulnerables, pues no solo perjudica su salud sino sus oportunidades de éxito en la vida.

La desnutrición – falta de suficiente cantidad de las vitaminas, minerales y proteínas correctos en el equilibrio adecuado – tiene un efecto devastador en las vidas de los niños pequeños. Sus habilidades físicas y mentales se reducen o se dañan, especialmente si no reciben una nutrición adecuada en los primeros 3 años de vida.

¿Qué mide el GHI?
El Índice Global del Hambre (GHI) es una herramienta estadística multidimensional utilizada para describir el estado del hambre en los países. Mide el progreso y retrocesos en la lucha global contra el hambre; y se actualiza una vez al año, desde el 2006.

El GHI capta diversos aspectos del hambre (mayor propensión a enfermedades, deficiencias en el estado nutricional, pérdida de energía, incapacidad, muerte por inanición o por enfermedades infecciosas mortales, cuyo curso es el resultado de una salud general débil), presentando así una rápida visión general de un problema complejo. Para ello, combina tres indicadores de igual ponderación: la proporción de sub-nutridos como porcentaje de la población, la frecuencia de la insuficiencia de peso en los niños menores de cinco años y la tasa de mortalidad de los niños menores de cinco años.

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El índice clasifica los países en una escala de 100 puntos, siendo 0 la mejor puntuación (no existe hambre) y 100 la peor. A más alto índice, peor es la situación alimentaría de un dicho país. Los valores por debajo de 4,9 reflejan poca hambre, los valores entre 5 y 9,9 reflejan un hambre moderada, los valores entre 10 y 19,9 indican un serio problema, los valores entre 20 y 29,9 son alarmantes y los de 30 o más son extremadamente alarmantes.

Inseguridad alimentaria
A nivel mundial, el IGH 2014 tiene un valor de 12,5, lo que indica una grave situación de seguridad alimentaria y nutricional. Sin embargo, en 1990, el GHI global fue de 20,6, lo que significa que ha habido una disminución de 39 por ciento en los últimos años.

De los 17 países que hace 24 años estaban en situación “extremadamente alarmante”, hoy solo quedan dos estados en esta terrible situación: Eritrea y Burundi, con más del 60% de su población hambrienta. Hay, además, 14 países donde la situación es calificada como “alarmante”, en el África Subsahariana, excepto Laos (Asia) y Haití (América).

Mapa FAO Prevalencia de subalimentación

El GHI, sobre 120 países nos pone en alerta de otra forma de hambre, difícil de localizar y combatir, el “hambre oculta”, allí están la malnutrición, la deficiencia de micronutrientes (vitaminas y minerales), y macronutrientes esenciales en la alimentación, que afectaría a unos 2000 millones de personas en el mundo. Esta puede coexistir con consumos adecuados de energía, incluso con excesos de grasa y carbohidratos. Puede haber sobrepeso con carencias específicas de micronutrientes. Causas del hambre oculta son: el embarazo, la lactancia, la infancia, que invisiblemente puede afectar la salud y el desarrollo de una población.

El hambre oculta en el Perú
En nuestro país, el GHI del 2005 fue de 10 (problema serio) y este año es de 5,7 (problema moderado). Según datos de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO), durante las dos últimas décadas la desnutrición en el Perú se redujo en más de 4 millones.

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Ellos también señalaron que fomentar la agricultura familiar en el interior del país puede garantizar la seguridad alimentaria sostenible y mantener la diversidad de los productos.

Según la “Encuesta Nacional de Salud”, ENDES 2013:

  • En la actualidad 72,3 % de recién nacidos reciben lactancia materna exclusiva, 10 puntos más que en el 2006. (86,2 % rural y 65,9% urbano).
  • El 17,5 % de niños menores de 5 años presentan desnutrición crónica (DC), 10 puntos menos que en el periodo 2007-2008. La mayor o menor prevalencia de DC estaba en relación a: la calidad del agua (potable, con cloro residual, etc.); el nivel educativo de la madre; y por la pobreza económica.
  • La anemia en niños entre 6 meses y 5 años en el 2013 afectaba al 34%, mientras que en el año 2000 el 49.6%.
  • Son también problemas serios de salud pública las deficiencias específicas de vitamina A, de Yodo, probablemente de calcio.

Esta situación nutricional establece la prevalencia de enfermedades como: infecciones respiratorias y diarreicas agudas; y la mortalidad infantil en menores de 5 años. Es especialmente importante el impacto de las deficiencias nutricionales y la alta prevalencia de enfermedades, en el crecimiento y desarrollo, físico, mental y social de las personas, muchas veces de carácter irreversible.

Para mejorar la nutrición en la Región
Se sugiere:

  • Facilitar el apoyo a los agricultores y pescadores a pequeña escala y asegurar que tengan ingresos suficientes para alimentarse bien.
  • Eliminar las condiciones del mercado que les impiden obtener precios justos por sus productos.
  • Asegurar a los agricultores el derecho a la propiedad y al uso de la tierra.
  • Adoptar normas que prevengan a los pequeños agricultores del perjuicio de las corporaciones y especulaciones en los precios.
  • Combatir la desnutrición infantil.

Desde hace mucho tiempo se sabe que la malnutrición dificulta el crecimiento económico y perpetúa la pobreza, por tres vías: pérdidas indirectas por deterioro cognitivo y falta de escolaridad; pérdidas directas de productividad derivadas del mal estado de salud y las originadas en el aumento del costo de la atención de salud. El mayor número de desnutridos se encuentra entre las personas pobres, que son las que más se enferman, y –por tanto- las que más dirigen sus escasos recursos a curar sus enfermedades. También son las que más utilizan los servicios de salud, públicos y privados.

Por ello, mejorar la nutrición, la educación de las personas y la salud, especialmente de nuestros niños, es la mejor manera de promover el desarrollo del país. Los beneficios son fundamentales para el desarrollo humano y económico.

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Nuestro sistema de salud debería tener la capacidad técnica y de personal entrenado para promover la buena nutrición, que es, la vacuna más efectiva contra las enfermedades más frecuentes. Asimismo, habría que potenciar los esfuerzos que los gobiernos han venido haciendo para mejorar la nutrición, especialmente de los niños pobres, por medio de una efectiva articulación entre los sectores involucrados. Así, por ejemplo, el MINSA y el Ministerio de Educación deben educar conjuntamente a la población en nutrición y salud, monitoreando de manera permanente el impacto y el logro de los objetivos de los programas de nutrición del país.

Salud y los sectores involucrados deberían asumir que los puntos claves para vencer a la desnutrición infantil son: la educación y promoción sobre la importancia de la lactancia materna exclusiva; promover prácticas de alimentación complementaria y la importancia del consumo de los micronutrientes; y cuidar la salud de las mujeres antes, durante y después del embarazo.