La música coral

A las 8.00 p. m., tal como estaba programado, se daba inicio al recital de Música Sacra que ofreció la Universidad de Piura, en la sede del Santuario de María Auxiliadora (el pasado jueves), para los aficionados a la música coral en nuestra ciudad.

El público abarrotó el recinto, con capacidad para 500 personas, y expresó su satisfacción con elocuentes y prolongados aplausos, que han estimulado a todos los que han participado en este concierto (durante una hora y media), en especial, a los artistas juveniles que cantaron a un nivel profesional; todos ellos, estudiantes de la UDEP, dirigidos por el profesor Arturo Hernández.

El Coro Universitario interpretaba música sacra muy conocida para la gran la mayoría. Otras, no tanto; pero todas tenían un alto nivel de inspiración y composición. La genialidad de Juan Sebastián Bach en el género de las cantatas, enriqueció muy pronto el repertorio, que se inició con el “Gloria” de Vivaldi, el “Ave María” de Vitoria y el “Ave Verum” de Mozart.

Concitó un interés especial, y gustó mucho al público, la pieza coral “Panis Angelicus” de Frank, cantada por el Coro Universitario acompañando a un tenor, joven solista y estudiante  de la Facultad de Ingeniería, dueño de una voz privilegiada. El público no dudó en pedir su repetición.

Como profesora de la Facultad de Humanidades, debo manifestar a todos los alumnos del Coro y a su director, el maestro Hernández, que el ejemplo de su trabajo esforzado da muestra de una gran capacidad de disciplina y una fortísima afición por la música, que resultan particularmente llamativas en unos tiempos en los cuales son pocos los jóvenes que sintonizan con tan altos valores del arte y la cultura.

Nos alegramos que hayan dado un recital de este nivel musical y,  además, con tanta cercanía y sencillez humana. Todo eso manifiesta el papel de las humanidades en la formación de los jóvenes universitarios.

Esta cuestión es nuclear para la sociedad global. Ella ve con los ojos del economicismo. Es decir, no ve la necesidad de cultivar el espíritu. Para ella, lo más valioso es el dinero, las cosas materiales, la tecnología. Sin embargo, las obras del espíritu cuando se divulgan ponen a la vista de todos, la necesidad de los bienes espirituales. De allí la vigencia y actualidad de esta convicción: vale la pena formar hoy mejores personas para que la sociedad tenga mejores profesionales. Esto es lo que hacen maravillosamente bien, las humanidades.