Juan Carlos Odar

“Debemos tener un benchmark que trascienda lo regional, ser los mejores también a nivel mundial”

Juan Carlos Odar, profesor del Departamento de Economía, dictó la charla “Perspectivas económicas 2016-2021” dirigida a los alumnos y postulantes de la carrera de Economía así como a sus padres.

Juan Carlos Odar, profesor del Departamento de Economía de la UDEP Campus Lima, dictó la charla “Perspectivas económicas 2016-2021” dirigida a los alumnos y postulantes de la carrera de Economía así como a sus padres.

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¿Cuál es la proyección de crecimiento para el 2021?

Perú tiene un potencial de crecimiento al 2021 de, alrededor, 4,5% en los siguientes años. Si comparamos el ciclo de crecimiento reciente, con una tasa superior al 5%, es factible aun cuando el crecimiento es menor al de años anteriores.

¿Este crecimiento económico está vinculado también al desarrollo social?

Lo principal para reducir la pobreza en una economía a largo plazo es el crecimiento. Una economía que no crece no puede mejorar la situación de pobreza aun cuando si puede reducir la situación de desigualdad.

Pobreza no es igual a desigualdad; nos interesa reducir ambas. En ese sentido, es importante el papel de las políticas sociales que están orientadas a los estratos de menor ingreso y educación, quienes no necesariamente disfrutan de los beneficios del crecimiento. Pero para poder financiar esas políticas sociales es necesario el crecimiento. Una condición básica para reducir la pobreza y mejorar los indicadores sociales es que la economía siga creciendo.

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¿Cómo indicen factores como la crisis en China, la situación económica en Europa, las elecciones políticas peruanas del próximo año o el riesgo del Fenómeno El Niño en el crecimiento económico de nuestro país?

En el mundo, el balance de riesgos es hacia la baja. Todas las expectativas de crecimiento que se pueden tener en los distintos países siempre, dada la coyuntura, están cargadas hacia poder hacer menos incluso de lo que se está previendo.

Ese es el marco en el que participaremos en los siguientes años. Ya no debe verse como una crisis sino como el nuevo escenario: China creciendo menos; los países desarrollados, guiados por Estados Unidos de Norteamérica, recuperándose; cambia el protagonismo de los emergentes. En ese contexto estamos también nosotros y debemos adecuarnos a esa nueva situación.

Eso implica que no será tan fácil como antes crecer a 5% o 6% o más, sino que para poder alcanzar esas tasas necesitamos implementar una serie de medidas y reformas que van a todo nivel, empezando por desarrollo de capital humano, cerrar brechas de infraestructura e incrementar la flexibilidad laboral. Todas esas medidas deberían permitir que Perú pueda mejorar su perspectiva de crecimiento.

¿Tratados como el Transpacífico pueden ayudar al crecimiento?

La Alianza del Pacífico nos agrupa en el bloque de países que han venido haciendo mejor las cosas en la región; sin embargo, no es suficiente. Si nosotros aspiramos realmente a mejorar de manera continua es importante ver lo que se está buscando en el ámbito de acceder a la OCDE. Debemos tener un benchmark que trascienda lo regional, ser los mejores también a nivel mundial.

Por más que los países de la región estén mejor que el promedio, o que nosotros, si  comparamos algunos indicadores con los desarrollados se nota la brecha. Eso marca hacia dónde queremos llegar y, en esa línea, ser ambiciosos de forma positiva.

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En un país como el nuestro donde el sector informal es amplio, ¿cuál es el costo en términos económicos?

La informalidad en el Perú es muy alta. Si revisamos algunos indicadores, el Perú termina siendo la sexta economía más informal del mundo, lo cual tiene un costo muy alto.

Solo uno de cada cuatro contribuyentes paga impuestos. Los que pagan impuestos financian al total de actividades que brinda el Estado como los servicios de educación y salud, por ejemplo. El costo no solo es en términos de crecimiento sino también de menor provisión de capital público e infraestructura disponible, que genera un efecto que se perpetúa en el tiempo de manera negativa.

Por eso es importante tratar de implementar medidas que reduzcan la informalidad aunque, de acuerdo a lo que hemos visto en los últimos años, no resulta fácil.

¿Cómo afrontar esa situación cuando algunas políticas fiscales y tributarias pueden ser muy exigentes y, a veces, agobiantes para quien decide pasar al sector formal?

Esta situación puede convertirse un círculo vicioso: el que ya es detectado, es visible y termina finalmente siendo “exprimido” por el Estado.

La carga tributaria termina siendo muy alta para el que ha sido identificado. Eso puede jugar en contra del crecimiento de los emprendimientos y microempresas, quienes probablemente terminan creciendo menos de lo óptimo o alcanzando una escala por debajo de lo ideal porque piensan que si empiezan a crecer mucho se hacen visibles y el Estado les cobrará impuestos sin necesariamente algo a cambio.

Un trabajo reciente compara un país emergente como India frente a uno desarrollado como Estados Unidos y se ve claramente que las empresas hindúes prefieren vivir en condiciones de informalidad y baja escala de funcionamiento porque de esa manera se hacen invisibles para el Estado.

En términos económicos, ¿cuáles son los aspectos para mejorar?

Se ha avanzado en Educación. En ese sector la brecha es amplia pero ya se está viendo que no basta con construir colegios; ahora se apuesta también por la capacitación a los profesores.

Por ese lado, el capital humano mejora pero hay otras brechas como la de infraestructura donde somos pocos competitivos. Si uno analiza la calidad de infraestructura, por ejemplo en Ecuador es mejor que en Perú pues, a pesar de ser un país más pequeño, cuenta con mejores carreteras.

La promoción al comercio exterior también ayuda. Eso permite que el productor local se dé cuenta de sus limitaciones así como de los factores que puede mejorar de modo que pueda desarrollar condiciones de competitividad.

En este panorama es clave el apoyo del Estado, sobre todo si existen barreras como trámites burocráticos, sobrecostos por la regulación o  la misma provisión de infraestructura.