Roberto Gómez de la Iglesia

“En situaciones de crisis económica, la economía debe ser más humanizada, sostenible y creativa”

El experto en cultura e innovación quien dictará seminario en la UDEP explica en qué consiste el modelo de la economía creativa y su relación con las políticas culturales.

Roberto Gómez de la IglesiaGómez de la Iglesia es economista y gestor cultural. Actualmente, es director de C2+i, organización que impulsa procesos creativos y nuevos ámbitos de relación entre la economía cultura y organizaciones sociales. Este sábado 3 de octubre dirigirá el Seminario en Gestión Cultural: Territorios creativos en una economía creativa. Políticas culturales para una sociedad más innovadora que organiza la Facultad de Humanidades en el marco del II Simposio Universitario Latinoamericano de Gestión Cultural.

 ¿A qué llamamos ‘economía creativa’, ¿cómo aparece este concepto?

Es un concepto que aparece en el entorno anglosajón inicialmente ligado al desarrollo de las llamadas industrias creativas. Pero somos cada vez más los profesionales o académicos que creemos que la economía creativa no es exclusiva de ese sector. Toda la economía tiene que ser creativa. Y ahí aparece una cuestión clave: qué podemos hacer desde las artes, la cultura y la creatividad para que no solo se desarrolle nuestro sector sino para que toda la economía sea más creativa.

¿Por qué pensar en una ‘economía creativa’ y cómo generar valor a partir de este concepto?

La evolución de los modelos económicos desde una economía productiva hacia una economía de la experiencia hace que hoy la economía sea necesariamente creativa. Para ello lo relevante es tener personas y organizaciones creativas.

¿Es un nuevo modelo de desarrollo? ¿Qué condiciones deben suceder para que este modelo sea efectivo?

La economía creativa implica un nuevo estilo de innovación, la social, que propone una innovación más responsable, sostenible, próxima y centrada en las personas. La innovación social no es un ámbito de innovación, es un estilo. Incluso la innovación productiva o la científico-tecnológica pueden hacerse bajo el paraguas de la innovación social.

¿Es posible desarrollar este tipo de propuestas en países en proceso de desarrollo como el Perú, frente a necesidades básicas o las crisis económicas?

No solo es posible, es necesario hacer la economía más humanizada, sostenible y creativa. Si queremos conseguir resultados diferentes tendremos que hacer cosas diferentes, con gente diferente que piensa y actúa diferente. La diversidad se convierte en un factor clave para el desarrollo de una creatividad aplicada.

¿Cómo incluir este concepto en las políticas culturales?

Sería una responsabilidad compartida por todos los agentes. Las entidades de la cultura deben volver a poner a las artes, la cultura y la creación, en el centro de sus políticas. Deben ser conscientes del papel que pueden tener para construir territorios y economías más creativas. Por eso deben también trabajar con otros agentes y con responsables de otras políticas para influir en sus procesos de innovación.

¿Cómo se genera una relación entre cultura y economía desde la gestión cultural?

Esta es una relación más natural de lo que parece. Más allá de la importancia económica del sector o de su dimensión en términos de PIB o de empleo, la verdadera relación está en el concepto de valor, central e incómoda. Los valores conforman la idea de una sociedad y ahí trabaja la cultura, en promover, modificar, reforzar y emerger valores.

Para mayor información sobre el Seminario en Gestión Cultural: Territorios creativos en una economía creativa. Políticas culturales para una sociedad más innovadora.