Mgtr. Gloria Huarcaya

“La paternidad no se reduce a la manutención”

Al estar cerca la fecha del Día del Padre, la especialista del Instituto de Ciencias para la Familia, reflexiona sobre el rol del papá de hoy.

Familia Reyes

Tradicionalmente, el principal rol de los varones-esposos ha sido el de ser proveedores de recursos para hogar. La responsabilidad de sostener económicamente una familia recae de manera exclusiva sobre el 31% de los varones peruanos, según la encuesta ENUT 2010.

Sin embargo, esta función ha empezado a ser compartida con sus esposas; así el 46% de ellas participa en el mercado laboral en jornada reducida, el 13 % lo hace en jornada completa y el 11% supera la jornada del marido.

El rol de proveedor del hogar ha dejado de ser exclusivamente masculino y es un fenómeno positivo, denominado la “Primera Revolución del Género”. Las mujeres han incursionado en el mercado laboral de manera exitosa; pero no en la misma medida, en la que el varón debiera involucrarse en el hogar.

La manutención como rol de género puede ser intercambiable, pero la paternidad no se reduce a esta función, aunque el padre de familia ponga su mejor empeño en ello. La sociedad peruana tiene “sed de padre”, de una figura firme que enseñe a los hijos con autoridad pero sin tiranía, que ofrezca justicia, audacia y el propio ejemplo de un comportamiento ético. Las niñas necesitan experimentar ese primer gran amor, despojado de connotación sexual, que las hace saberse merecedoras de un amor incondicional.

América Latina es la región donde las uniones conyugales son las más inestables, según datos del World Family Map, y esto es una grave amenaza para el bienestar de los niños, pues eleva el riesgo de crecer sin padre, como de hecho sucede con el 30% de los niños peruanos. Para renombrados sociólogos como Goldscheider y Lapegard, una manera de escapar al quiebre de la familia, o al “postfamilismo” es iniciar una “Segunda Revolución del Género”.

Esta consiste en que los varones empiecen a dedicar más tiempo al ámbito doméstico, que incluye el cuidado, la crianza de los hijos y las tareas del hogar. Una verdadera revolución que significa asumir la paternidad, superando el esquema rígido de ser solo proveedor, o ser valorado sólo como un trabajador competente. Significa, como sugiere la filósofa Badinter, superar esa falsa dicotomía que se le plantea al hombre sobre su propia masculinidad (ser “blando” o ser “duro”), para forjar una nueva identidad.