Rector Sergio Balarezo

“Don Javier siguió el crecimiento de la UDEP y compartió nuestras alegrías y dificultades”

El cariño que el Gran Canciller de la Universidad de Piura, monseñor Javier Echevarría Rodríguez, tenía a esta casa de estudios, así como su ejemplo, fueron destacados por las autoridades académicas.

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Tras el fallecimiento del Gran Canciller de la UDEP, el rector, doctor Sergio Balarezo, compartió su pesar con la Comunidad Universitaria y, a la vez, su calma, “porque la partida de monseñor Echevarría se produjo el día de la fiesta de la Virgen de Guadalupe, a la que él le tenía tanta devoción”.

Mencionó la visita realizada por el Gran Canciller en el 2010, ocasión en la que “señalando nuestro Campus nos invitó a mirar cómo había florecido, a base de mucho esfuerzo y generosidad. Habíamos convertido el desierto en un vergel”.

“Don Javier siguió nuestro crecimiento y compartió nuestras alegrías y dificultades. Aunque sé que muchos conocen de ese cariño tan grande que tenía por nuestra Casa de estudios y por nuestra tierra, me siento con la obligación de decirlo”, dijo en su comunicación.

Recordó además, que la Universidad de Piura es fruto y reflejo de quienes la impulsan y la sacan adelante. “San Josemaría, el beato Álvaro y don Javier han trazado el camino y nos acompañan ahora desde el Cielo, impulsándonos para que nuestra Universidad sea ese foco de luz intelectual, que está siempre al servicio de los demás”, precisó.

Recuerdos
El exrector de la UDEP , doctor Antonio Mabres, recordó la suerte de Piura, ciudad que monseñor Echevarría visitó dos veces, los años 1996 y 2010. “En estas ocasiones pudimos experimentar de modo directo y explícito su cariño por todos: alumnos, profesores, personal administrativo y, quizá con especial afecto, por las señoras de limpieza. Me impresionó como se dirigió a ellas”, comentó.

El actual vicerrector de Investigación, señaló que, como Gran Canciller, monseñor Echevarría siempre estuvo pendiente de la Universidad. “Teníamos la certeza de su oración por nosotros, como antes fue con nuestro Fundador y primer Gran Canciller, San Josemaría; y, luego el Beato Álvaro, segundo Gran Canciller. Con qué interés escuchaba lo que le contábamos cuando alguna vez tuve la oportunidad de verlo en Roma. Y nos animaba a ir adelante, apuntando alto, con espíritu de servicio”, dijo.

El doctor Antonio Abruña, rector de la Universidad de Piura cuando el Gran Canciller visitó la Universidad el año 2010, por segunda vez, recordó: “siempre fue muy cercano a nuestra actividad, se mantenía informado y la ha seguido con sus consejos, por medio de cartas, y oraciones”.

De su figura, destacó su fidelidad al fundador de la Universidad de Piura, San Josemaría, y a su sucesor el Beato Álvaro del Portillo. “Nos instaba siempre a no tener miedo, a afrontar grandes retos y aspirar a lo mejor, en servicio de los demás y muy especialmente de la sociedad de nuestra región”, refirió.

El capellán mayor de la UDEP, Padre Ricardo González Gatica, se refirió a la fidelidad del Prelado al espíritu del Opus Dei, recibido de San Josemaría, que procuró transmitir y sostener en todos los fieles de la Obra. Remarcó su fidelidad a la Iglesia, el cariño y lealtad al Papa, reflejados en las cartas a los fieles de la Prelatura, tanto con Juan Pablo II, como con Benedicto XVI y el Papa Francisco: “constantemente estuvo secundando y haciendo eco a las enseñanzas y directrices del Romano Pontífice”, dijo.

Oraciones
Hoy, los amigos de la Universidad de Piura unirán a sus oraciones por su Gran Canciller, en una misa que se realizará a las 7:00 p. m., en la Ermita del Campus Piura. En Lima, mañana 15, el cardenal Juan Luis Cipriani, a las 8:15 p. m. presidirá la celebración eucarística en la Parroquia Medalla Milagrosa de San Isidro. Asimismo, entre el 14 y 18, se celebrarán otras misas en distintos lugares del país.

El Papa Francisco también aseguró sus oraciones por el Prelado durante la celebración de la Eucaristía de ayer y envió su bendición a todos los fieles y amigos de la Prelatura. Recordó que monseñor Echevarría entregó su vida en un constante servicio de amor a la Iglesia y a las almas.