¡El estrés también va a la Universidad!

El ingreso a la Universidad trae una serie de cambios para un joven o un adolescente. Quien no pueda manejarlos, y adaptarse a la nueva etapa, seguramente tendrá al estrés entre sus ‘compañeros’ de clase.

Estrés en la U (2)

La vida universitaria trae mayor exigencia, otras responsabilidades, nuevos amigos, etc. La realidad familiar y el contexto social  para algunos sigue igual; pero, otros deben salir de sus pueblos y adaptarse a distintos ambientes. Quien no pueda manejar estos cambios y enfrentar las dificultades, seguramente tendrá al estrés entre sus ‘compañeros’ de clase.

El estrés se da en casi todas las actividades y contextos de la acción humana; también en los universitarios, donde hay un grado elevado de estrés académico. Los estudiantes tienen más presión para ser mejores en corto tiempo y la responsabilidad de cumplir las obligaciones académicas; y, en ocasiones, sufren la sobrecarga de tareas y trabajos.

Además, tienen la presión de los profesores, de sus padres y de ellos mismos, lo que les genera mucha ansiedad, inadecuada autoestima y ponen en duda su capacidad. Muchas veces se valoran (o son valorados) ‘numéricamente’ solo por los resultados no por el esfuerzo y empeño, esto puede redundar negativamente en su rendimiento académico y en su salud física y mental.

El estrés académico
Es un estado de tensión física y mental que se genera como respuesta a  las demandas que perciben los estudiantes. En sí mismo, el estrés no es algo ‘malo’ pues impulsa a conseguir objetivos, incluso puede ser saludable si se maneja eficazmente: ayuda a desarrollar nuestra creatividad y es la oportunidad de lograr bienestar y satisfacción personal. Sin embargo, si se prolonga o intensifica puede causar serios trastornos físicos y/o emocionales que afectan el desempeño de la persona en sus diferentes ámbitos.

Estrés en la U (3)
Hay varios factores que pueden desencadenar su mal manejo, entre ellos: no organizar bien los tiempos y tareas; excesiva carga de actividades y trabajos, escaso descanso, presiones externas o internas, competitividad excesiva, ambientes inadecuados de estudio; temores asociados a los exámenes; pensamientos y sentimientos negativos de sí mismo; carencias económicas; conflictos de los padres o entre padres e hijos, etc.

Síntomas: no los pierda de vista
Muchas veces se piensa que solo el estado de ánimo se relaciona con el estrés. No es así, hay factores cognitivos, conductuales, fisiológicos, emocionales, como: dificultad para mantener la atención y concentración; reducción de la retención memorística; resolución de problemas con un número elevado de errores; falta de lógica y coherencia en los pensamientos, etc.

En lo emotivo: dificultad para mantenerse relajado, impaciencia, irritabilidad, desánimo, descenso del deseo de vivir y de la autoestima. En lo conductual y fisiológico: tartamudez, descenso de fluidez verbal y de entusiasmo por las aficiones o pasatiempos favoritos; ausentismo académico, incremento de consumo de alcohol, café u otros; cansancio, agotamiento, insomnio o extrema necesidad de dormir; dolores físicos (cabeza, cuerpo y/o malestares estomacales); palpitaciones y sudoración constante, etc.

‘Herramientas’ contra el estrés
Enunciamos algunas medidas que ayudarán a combatirlo; en algunas, se recomienda que participe la familia:

  • Identificar los factores de estrés, para procurar eliminarlos.
  • Actitud positiva ante las situaciones que enfrenta.
  • Fomentar la autoestima: apreciar las fortalezas propias, relacionarse con gente que nos valore; no guardarse los sentimientos y pensamientos que desee expresar.
  • Evitar tratar de complacer a todos; procurar desarrollar un pensamiento positivo y constructivo de las cosas centrándose más en las posibles soluciones.
  • No dé a las cosas más importancia de la que tienen: algunas veces no se logra lo que se desea; pero cada ocasión es una oportunidad de aprendizaje.
  • Comunicación asertiva, aprende a decir ¡No puedo!

Para el bienestar físico:

  • Relajación física y mental, a través de la imaginación y respiración adecuada.
  • Realizar pequeñas pausas durante la jornada de estudio y suaves ejercicios, como estiramiento del cuerpo.
  • Propiciar el contacto con la naturaleza.
  • Respetar las horas mínimas de sueño.
  • Ingerir 3 comidas diarias, a horas fijas, masticando correctamente los alimentos.
  • Consumir frutas, verduras y cereales integrales en cantidad suficiente.
  • Practicar ejercicio o algún deporte que ayude a relajarse y a dormir mejor.

En actividades académicas:

  • Planificación personal del tiempo, objetivos y actividades.
  • Horario de actividades que permita cumplirlas, sin exceso de presión.
  • El aprendizaje debe ser gradual, diario, para no correr el último día.
  • Una sesión de estudio no debería exceder las tres horas.
  • Tener descansos de 5 a 10 minutos cada 45 minutos.
  • Procurar estudiar durante el día, pues el cuerpo está menos cansado y es mejor trabajar con la luz natural.
  • Empezar por las tareas o temas más difíciles.
  • Leer en casa, el día anterior, lo que el profesor tiene previsto explicar al día siguiente.
  • Revisar lo que se ha visto durante el día: resultará más fácil entender y asimilar.
  • Si tienes dudas, consulta a tus profesores y/o reúnete con otros compañeros.

Cómo rendir un buen examen

  • Evita atiborrarte de conocimientos.
  • Descansa bien, para rendir al máximo.
  • No hables sobre el examen en los momentos previos.
  • Revísalo bien y administra el tiempo.
  • Analiza las expresiones de las preguntas.
  • Haz un esquema mental antes de responder.
  • No te desesperes: la mente funciona asociativamente, aparece un dato y luego llega otro.
  • (Artículo publicado en el suplemento Semana de El Tiempo, el 12 de junio de 2016)