Javier Ferrer

“La cultura y la historia de occidente sería incomprensible sin la religión”

En su visita al Perú, el catedrático de la Universidad de Zaragoza nos explicó la relación entre Iglesia, cultura y Estado, así como también los matices en el concepto del Estado laico.

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La expresión Estado laico resulta equívoca pues puede comprender tanto el Estado aconfesional, respetuoso con la libertad religiosa y que garantiza la autonomía e independencia de las confesiones religiosas, como el Estado laicista que adopta una posición de hostilidad y beligerancia hacia lo religioso. No se trata de simples matices. Como señala el doctor Ferrer, “el Tribunal constitucional español la mayoría de las veces emplea el término aconfesional, que resulta más claro, e incluso el de laicidad positiva, que no deja lugar a dudas”.

El problema de fondo es la “actitud laicista que quiere reducir el fenómeno religioso a lo estrictamente privado”, ignorando todos los textos internacionales de derechos humanos que especifican claramente que la libertad religiosa tiene una dimensión pública, no solamente privada.

Al respecto, el profesor Ferrer rescata como ejemplos la Semana Santa en España o la Procesión de Señor de los Milagros en Lima. Asimismo destaca la existencia de escudos o logos donde aparece una cruz u otros motivos religiosos y que, en occidente, muestran un origen ligado al cristianismo. Y es que cuando la fe se hace cultura se incorpora a la vivencia de la sociedad y se convierte en parte de su historia.

“En realidad, la mayor parte de los Estados del mundo occidental son Estados laicos, aunque no utilicen esta expresión en sus Constituciones. El hecho de que garanticen la libertad y la igualdad religiosas, y el principio de cooperación con las confesiones, es tanto como señalar la justa autonomía e independencia mutuas del Estado y de las confesiones. En cambio, son muy pocas las Constituciones en el mundo que emplean la expresión Estado laico, y las que lo hacen suelen incurrir en el laicismo, que ofrece una visión reduccionista y parcial de la libertad religiosa, contraria a su condición de derecho humano.

En resumen, para el profesor Ferrer, el papel de un gobierno es “garantizar la libertad religiosa”, dentro de los límites del derecho y la convivencia con los demás; y “combatir la discriminación, garantizar la cooperación entre el Estado y las diversas confesiones, teniendo en cuenta las creencias religiosas presentes en la sociedad. Aquí radica la auténtica laicidad positiva del Estado”.