Miguel Grau: el héroe que la guerra nos dejó

Angamos y Grau forman parte de lo que en la historia peruana decimonónica denomina Guerra del Pacífico o guerra con Chile. En medio de ellas, surge un héroe, cuyas virtudes aún no terminamos de descubrir.

Miguel Grau en Casa Museo Grau escenificaciones (2)

¿Por qué necesitamos recordar el combate y la guerra, una de las coyunturas más difíciles que nos ha tocado vivir a lo largo de nuestra historia republicana? Porque el pasado es parte inseparable e imprescindible de la vida de los hombres y de los pueblos. Recordando ratificamos nuestra continuidad histórica y tratamos de descubrir las posibilidades y actitudes que están en esos hechos pasados, que debemos comprender y aprovechar en el presente.

Iniciamos la llamada Guerra del Pacífico con un ánimo grande en el común de los peruanos y piuranos,  creyendo que íbamos a ganarla fácilmente, pero la realidad nos golpeó grandemente. De pronto, nos encontramos perdiendo las dos etapas (en el mar y la tierra) y viendo mutilada nuestra costa sur. También estaba herido de muerte el honor y el alma nacional.

No obstante, como señala el doctor Jorge Rosales, por encima de la derrota y del desastre, de lo sombrío y anárquico de esos años, debemos descubrir lo positivo, no sólo a través de los hombres epónimos, sino a través del hombre común, del peruano y el piurano, en general.

Grau, un hombre como tú, como yo
Nuestro héroe era un hombre común; pero a lo largo de la contienda, comenzamos a descubrir su amor y compromiso por el Perú, su espíritu cívico, sus sentimientos elevados de padre y de esposo, su abnegación como gran patriota, su modestia de héroe y su nobleza en la victoria.

Hombres como Grau, son testimonio del respeto y fidelidad a la propia vocación; de la manera de ser del hombre peruano. Por eso, el heroico cumplimiento del deber que se advierte en ellos, la generosidad en la victoria y la dignidad en la derrota son legados de esta guerra aciaga que hoy debemos valorar, pues son parte de esa manera de ser.

El mismo hecho de ir a la guerra, conociendo las limitaciones de la propia realidad, es resultado de la fidelidad al Perú. Como dice doctor José Agustín de la Puente Candamo, es fruto de una política de honestidad y de decencia.

Todo esto que descubrimos en Grau, en otros héroes de la guerra y en la población que la sufrió y se defendió, es el legado que han dejado a las generaciones de hoy, para que nuestros actos tengan esas notas positivas, que permitieron entonces, y deben permitir hoy, que nuestra comunidad nacional continúe fiel a su destino.

¿Derrota y desánimo? ¡Nunca!
Después de la guerra, frente a la derrota y a la destrucción, el espíritu nacional floreció en el deseo de reconstruir el país, por encima de discrepancias y desuniones. En la guerra y después de ella, se afirmó nuestro destino de libertad, de independencia, de soberanía.

Todo el actuar de Grau debe hacer renacer nuestros sentimientos patrióticos y arrancar en nosotros la firme promesa de que nuestro esfuerzo estará encaminado a hacer del Perú una patria grande y poderosa donde reine la Paz, la justicia social y el bien común. Solo así podremos decir que el holocausto de Angamos no ha sido en vano, que la vida del almirante, tan rica en virtudes ha fructificado y que somos dignos herederos de su grandeza.

La fuerza de Grau
La fortaleza de Grau descansaba en varias columnas. No conocía la codicia ni la cólera violenta ni la soberbia… al palpar su mano encallecida se sentía que venía de un corazón noble y generoso. Así era el hombre que en un buque mal artillado se vio rodeado y acometido por toda la escuadra chilena el 8 de octubre de 1879.

En la hora suprema del holocausto, estaba preparado para ingresar por la puerta grande a la inmortalidad, porque los héroes emergen como el resultado de toda una vida de entrega y preparación, que nuestro héroe inició desde pequeño.

Virtudes y valores adornaron su existencia. La honestidad para afrontar la verdad por dura que ésta fuera. Cuando en un banquete uno de los concurrentes queriendo halagarlo hablaba del “Gran poder del Huáscar”, Grau replicó: “Señores, es preciso que no nos formemos ilusiones. El Huáscar es un buque fuerte, pero nunca podrá contrarrestar a uno solo de los blindados chilenos…” y emocionado agregó: “A pesar de todo, el Huáscar si llegase el caso, cumplirá con su deber, aun cuando tuviera la seguridad de su sacrificio”.

Además, nuestro héroe se ganó el honroso título de “Caballero de los Mares”, porque no hizo escarnio del enemigo cuando lo venció. Por el contrario, respetó su vida, salvó a los chilenos náufragos de la “Esmeralda” e, incluso, rescató y entregó los restos de los caídos a sus familiares en Chile. Las cartas que escribió en medio de la guerra no muestran una sola injuria contra el enemigo.

El historiador peruano Jorge Basadre escribió: “Miguel Grau Seminario fue un hombre comprometido con su tiempo, con su país y sus valores…. El héroe de Angamos siempre estuvo en la línea de afirmación de las normas morales y las tradiciones de la República. Honrado en el camarote y en la torre de mando, lo es también en el salón y en el hogar”.

En definitiva, Grau fue un hombre trabajador, honesto, respetuoso y solidario, que amaba al Perú. La vigencia de su trayectoria, los valores que su vida refleja, son un conjunto de principios que dan consistencia y coherencia a las acciones de un grupo humano en el tiempo. Nuestra población requiere seguir su ejemplo, particularmente los actores políticos que pretenden guiar por el buen camino los destinos de nuestro país, nuestra región y nuestra localidad. Debemos comprometernos a seguir su testimonio de vida ejemplar e imitar permanentemente su liderazgo, su integridad, su rectitud, su honestidad, su desprendimiento y su amor a la patria.

(Este artículo es un extracto del discurso de orden pronunciado el 4 de octubre, por el 138 aniversario del Combate naval de Angamos y el 196 aniversario de creación de la Marina de Guerra del Perú).