Foro medioambiental en la UDEP

Negocios sostenibles: una contribución a la sostenibilidad ambiental

Existen pérdidas en los procesos de cosecha, procesamiento, comercio y consumo de productos agrícolas alimenticios que puede estar entre el 15% y el 42% del total. Esto se puede evitar, logrando, además,el desarrollo social.

 

El MBA Manuel López, director de la Maestría en Agronegocios de la Universidad de Piura, planteó que es factible realizar negocios sostenibles, sobre todo en el sector agrícola, pero con un cambio de paradigmas en los modelos de negocio. Se puede lograr, al mismo tiempo, rentabilidad, desarrollo social y disminución del impacto negativo sobre el medioambiente, sostuvo.

El 5 de junio, el grupo Ciencia y Medio Ambiente (CIMA) de la UDEP organizó el foro “Día Mundial del Medio Ambiente: en busca de una relación sostenible entre el ser humano y la naturaleza”. Se abordaron diversos temas y situaciones relacionadas con la producción de alimentos y el equilibrio con el medio ambiente.

Ing Manuel López
El ingeniero Manuel López, director de la Maestría en Agronegocios que dicta la Universidad de Piura, se refirió a la producción agrícola mundial y a los negocios sostenibles. Explicó que si bien el mayor porcentaje de estos productos son para uso alimenticio; existen pérdidas en los procesos de cosecha, poscosecha, procesamiento, comercio y consumo que puede ir entre el 15% y el 42% del total.

¡Qué desperdicio!
Refiere que es comprensible que parte la producción se pierda en los procesos productivos; pero lo que es impensable es que haya una gran cantidad de alimento que se pierda como desperdicio al momento del consumo. En Norteamérica, por ejemplo, se pierde el 42% de la producción agrícola; el 61% de esto se elimina como basura al momento del consumo. Eso es un derroche. En el otro extremo, en algunos países africanos, por ejemplo, botan sólo un 5% de comida, porque llega muy poca pero se pierde hasta el 23% por malos procesos.

Hace falta encontrar modelos que nos permitan tener una mejor relación entre el medio ambiente y el ser humano, anota López. Se trata de asegurar, según el concepto de desarrollo sostenible, un crecimiento que satisfaga las necesidades actuales, sin comprometer la posibilidad de que las generaciones futuras satisfagan las suyas. Esto nos lleva a planteamientos éticos pues hay sociedades que derrochan recursos y otras que no los tienen, la pregunta es ¿quiénes deben sacrificar más?

Cuando se planteen soluciones, deben considerarse los problemas actuales con grupos humanos que requieren crecimiento económico. Para el docente de agronegocios, el reto es doble: crecer económicamente,  pensando en quienes padecen necesidades, sin comprometer las posibilidades de las generaciones futuras. En este sentido, el medio ambiente es muy importante, porque es nuestra principal fuente de recursos, señaló.

¿Negocios sostenibles?
Hacer negocios no es malo; pero, hay que pensar en nuevas formas de hacerlos, de modo que se rompan paradigmas, contribuyan al crecimiento económico, a la generación de riqueza y valor; y, al mismo tiempo, promuevan que estos grupos no incluidos en los modelos económicos, se integren y logren su bienestar. Además, deben tener cada vez menos impacto ambiental, evitando deteriorar los procesos esenciales en los ecosistemas.

Producción agrícola y medioambiente
En el tema agrícola, señala Manuel López, se han trabajado cinco principios que nos deben llevar  a que nuestros modelos de negocios agroindustriales, sean sostenibles: mejoramiento de la eficiencia, ordenamiento territorial, reducción de la pobreza, modelos sólidos y estables; y equilibrio y estabilidad social.

Piura, como zona desértica, tiene la suerte de contar con precipitaciones en las zonas altas, que generan agua para este  gran desarrollo agrícola, pero hay que saber gestionar su uso. Pensar, por ejemplo, en seguir sembrando arroz no es eficiencia, pues se pierde mucha agua, generando salinización. Es mejor pensar en productos que consuman menos agua, bajo sistemas que permitan un riego más fino y que, finalmente, generen más valor por hectárea.

Respecto al ordenamiento territorial, no todo Piura es bueno para realizar producciones agrícolas, incluso dentro de las áreas destinadas a ellas, debe haber unidades que conserven y protejan algunos recursos como el agua y la biodiversidad.

Por otra parte, es importante plantear que los negocios desarrollados en zonas rurales consideren la reducción de la pobreza de manera dinámica, con modelos sólidos, estables que se adapten a las nuevas condiciones. Finalmente, debe haber equilibrio y estabilidad social o gobernanza, en la que se debe incluir la tecnología, que puede ser un medio de mayor deterioro ambiental pero también puede ayudar a hacer mejor las cosas.

En el caso del sector agrícola, debemos considerar de manera real y concreta que la agricultura en nuestro país está basada en un 70%, aproximadamente, en  pequeños productores que tienen condiciones difíciles para subsistir y deben incluirse en la generación de riqueza, a través del desarrollo de relaciones, que tengan ganancias económicas y mejoren sus competencias y capacidades, solo así tendremos un modelo de negocios sostenible. 

Un ejemplo de negocio sostenible
Manuel López expuso el caso de la empresa Dole, que opera desde el 2001 a través de la empresa exportadora Corporación Peruana de Desarrollo Bananero SAC (Copdeban). Sus principales  mercados son Estados Unidos, Japón y la Unión Europea, hacia donde comercializa frutas y verduras, bajo el sistema de compra, venta y distribución.

El 2007, inicia en Piura, un proceso de cambio en su estructura empresarial. Se plantea desarrollar a los pequeños productores para seguir con su negocio e inicia un proyecto para desarrollar la base productiva. Pero, necesitaba un buen producto, que sea constante y decide invertir en sus productores. Los ayuda a mejorar sus prácticas agrícolas y a lograr certificaciones que el mercado exige; poco a poco este se convierte en un modelo “te ayudo a desarrollar el producto y luego lo comercializo”.

Así nació el Programa de Negocios Inclusivos, Fomin-SNV, para trabajar con 750 pequeños productores de banano orgánico en el valle del río Chira. Luego, se convirtió en “te ayudo a mejorar el producto, tú mismo lo empacas y me lo vendes en contenedor”. Este fue el gran cambio; el pequeño productor se convirtió en un productor de talla mundial. La empresa invirtió, ganó y logró un desarrollo que muchos esperaban.

En ese sentido, concluye, debemos llegar a un cambio en el paradigma. Esto nos puede llevar a una contribución real y efectiva en el desarrollo sostenible. En el caso de DOLE, se certificaron 682 hectáreas, bajo el sistema de buenas prácticas agrícolas. Un sistema que asegura que la agricultura que se está haciendo es limpia, cumple con los estándares ambientales; y, eso, es un impacto ambiental positivo.

Por otro lado, se redujo el descarte, en un 40% menos de merma en la producción, se incrementaron en 47% los ingresos de los productores, aumentaron las exportaciones, igualmente la productividad o eficiencia en el propio terreno de 24 a 42 toneladas por hectárea. Además, se transfiere el negocio a los pequeños productores, fortaleciendo la relación social; se formaron  hasta 7 asociaciones, convertidas en exportadores directos.

Es posible que los modelos de negocios bien llevados logren un impacto real. Nuestra agricultura ha alcanzado 5500 millones de dólares  en exportaciones, cuando en el 2004 estaba en 1500. Aquí cabe preguntarnos ¿Queremos que nuestra agricultura y agroexportación sigan creciendo? Si la respuesta es afirmativa, debe hacerse bajo modelos de negocios sostenibles que incluyan una consideración relevante en los temas ambientales, económicos y sociales. De esta manera, el cambio sí es posible.