Conversatorio sobre cultura afroperuana

Abordan la esclavitud en Piura del siglo XVIII y en el proceso de la independencia

Las profesoras Julissa Gutiérrez y Ruth Rosas, de la Facultad de Humanidades, detallaron en qué espacios se concentró la población africana, las actividades que realizaron, así como algunos aspectos de su religiosidad.

En el conversatorio, organizado por la Facultad de Humanidades de la UDEP, la profesora Julissa Gutiérrez se refirió a aspectos importantes de la esclavitud en Piura en el siglo XVIII. Compartió un análisis sobre los espacios más comunes en los que la población africana se concentró: las haciendas-estancieras de la costa y sierra.

Indicó que el hallazgo de esclavos en haciendas, principalmente de Ayabaca como las de Saconday y Jambur, prueba que la mano de obra esclava también se empleó en la sierra. Además, dijo,  se han encontrado registros de población negra en Huancabamba, aunque no en las haciendas sino más bien como jornaleros libres. Por otra parte, anota, se ha comprobado que en las zonas del Bajo Piura no hubo población africana, por el fuerte carácter endogámico de la población indígena.

La profesora Gutiérrez también mencionó las actividades a las que se dedicó esta población esclava: agricultura, ganadería, industria del jabón, trapiches, extracción de copé; etc. Sin embargo, la mayoría se dedicó al trabajo doméstico, explicó. “No hubo un sector de la población piurana que careciera de esclavos. Hemos encontrado incluso casos de indígenas, libertos (negros libres) e incluso una esclava que poseyeron esclavos”, concluyó.

Religiosidad de los esclavos
Por su parte, la profesora Ruth Rosas, al referirse a la “Religiosidad de los negros esclavos durante el proceso de la Independencia” indicó que esta se sustentaba en un conjunto de  creencias y devociones hacia seres superiores. Entre los aspectos que caracterizan esta religiosidad, mencionó: “el adoctrinamiento, los rituales y ceremonias, los sacramentos, las fiestas religiosas, las cofradías y hermandades y, por supuesto, la muerte”.

Señaló que en la época y debido a las recomendaciones del obispo Baltasar Jaime Martínez Compañón, en 1785, se reforzó la obligación de bautizar a  los recién nacidos, costumbre que se generalizó en gran parte zonas urbanas, excepto en las más alejadas.  En tanto, los adultos, debían ser catequizados antes del bautizo. Luego, vendría el adoctrinamiento, que era reforzado con rezo del Santo rosario, para el negro esclavo bautizado, señala la investigadora.

Rosas indicó que, pese a los esfuerzos desplegados, el adoctrinamiento no tuvo grandes frutos, quizá por la rigidez y exigencia en las enseñanzas y por la falta de interés por parte de los feligreses. Sin embargo, anota, las fiestas religiosas comunitarias tuvieron mayor acogida, por ser más simbólicas y festivas; eran celebraciones que rompían sus rutinas y les permitían evadir las normas, aunque (en muchos casos) no entendieran el significado de la festividad.

Respecto al sacramento del matrimonio, para los esclavos, manifestó que este carecía de importancia para ellos pues los amos, en su afán de que se multiplicaran,  propiciaban el amor libre. Eso intentó ser cambiado con el VI Concilio Limense (1772) que estipuló que los amos promovieran los matrimonios so pena de ser denunciados y de perder a sus esclavos.

“A pesar de estos mandatos, la situación económica de los esclavos, la movilidad social, la falta de adoctrinamiento, la postura del amo y otros factores contribuyeron a mantener un bajo número de matrimonios, de manera que no siempre estaba claro el procedimiento a seguir si surgían impedimentos”, señaló.