Admirar y amar a la esposa

Admirar es empezar a amar, es considerar con agrado a alguien por las cualidades que tiene. Es aprender a valorar aquello que nos atrae de la otra persona.

Cada vez me convenzo más de que el amor conyugal es verdaderamente un misterio grande. Así, se entiende que, aunque pasen los años y nos sintamos más veteranos, sigamos siendo aprendices como amantes. Esta realidad no debiera sorprendernos porque es la primera vez que vivimos nuestra vida. No la hemos vivido antes, ni nadie la ha vivido por nosotros; por tanto, cada día es apertura y novedad permanentes.

Tenemos que aprender a amar cada día, a pesar de nuestras grandes limitaciones. Quién no ha sentido muchas veces la sensación de haber fallado como esposo o como esposa, aun queriendo hacer las cosas bien. Es lo propio nuestro; somos seres con miserias que debemos ayudarnos mutuamente porque la vida de un matrimonio es una carrera de largo aliento, que requiere una fuerte dosis de sacrificio, de comprensión, de optimismo, de perdón y de mucho diálogo.

Al mismo tiempo, tenemos muchas fortalezas y virtudes, que facilitan la vida en la familia. En este contexto es bueno vivir la admiración en el matrimonio y plantearnos la siguiente reflexión; ¿qué es lo que admiro de mi cónyuge? Seguramente, como en mi caso, estas líneas terminan siendo muy limitadas para reflejar las enormes bondades que encuentro en ella.

Podemos admirar, por ejemplo, su capacidad para mantenerse joven y elegante tras el paso de los años; su alegría a pesar de las dificultades; su comprensión y capacidad de escuchar quejas y lamentaciones; su sentido común y realismo para que los problemas adquieran solo el valor que ameritan; su capacidad para organizar la casa como un verdadero hogar; su capacidad para aprovechar cada minuto del día.

Y es que, admirar es empezar a amar, es considerar con agrado a alguien por las cualidades que tiene. Es aprender a valorar aquello que nos atrae de la otra persona. Pieper decía que amar es aprobar, dar por bueno; es decirle al otro “es bueno que tú existas” o “no sabes cuánto bien me haces”. Es lo que me gustaría que reflexionemos este día.

Te sugiero, tomar un lápiz y escribir todo aquello que aprecias de tu cónyuge. Te sorprenderás y seguramente serás más agradecido, más cariñoso. Nunca es tarde para comenzar; o, mejor dicho, para re-comenzar.