Economía peruana: problemas, amenazas y soluciones

Cuando se dice que el relativo éxito de nuestra economía, en las dos primeras décadas de este siglo, se debe a que esta viene en control automático desde los noventa, se comete un grave error.

En estos años, el crecimiento de nuestro Producto Bruto Interno (PBI) es inferior al PBI potencial, por las ineficiencias en nuestra economía y en nuestras políticas económicas.La actividad económica en un país tiene dos ámbitos bien diferenciados para el análisis de sus problemas y sus propuestas de solución: la microeconomía y la macroeconomía. Realizando una simplificación, los economistas decimos que el primero se refiere a los mercados particulares y el segundo a los mercados agregados. En ambos ámbitos los principios sobre los que se basa la ciencia económica son los mismos, la diferencia se encuentra en la aplicación de las propuestas de solución.

En el caso de la macroeconomía existen instituciones públicas creadas para el manejo de este campo de la economía. Las dos principales en nuestro país, y las más conocidas, son el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) y el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP). La primera, aborda las políticas fiscales y el segundo tiene que ver con las políticas monetarias. Ambas –evidentemente– tienen que coordinar la política económica nacional.

Desde los años 90, luego la gran crisis económica de los 80, la estructura económica –micro y macro– del país cambio radicalmente, llevándose a cabo reformas comerciales, financieras y laborales, incluyendo una reforma de las instituciones vinculadas al manejo económico. A finales de esa década se añadieron leyes de responsabilidad fiscal que trataban de mejorar el desempeño de la macroeconomía. Sin embargo, ya ha mediados de los 90 se pararon ciertas reformas que hubieran permitido mejorar el desempeño de la economía peruana.

Cuando se dice que el relativo éxito de la economía peruana en las dos primeras décadas del siglo XXI, se debe a que la economía viene en control automático desde los noventa, se comete un grave error. La ventaja que hemos tenido se ha debido a un entorno económico internacional favorable y el resurgimiento de un sector privado que estuvo apagado por la crisis económica de los ochenta. Esto explica los crecimientos promedio anuales de las siguientes décadas. En 1991-2000: 2,1%, 2001-2010: 4,3%, y del 2011-2017: 3,2%.

¿Inversiones y cuenta corriente en riesgo?
Sin embargo, en los últimos años, al cambiar un poco el entorno favorable, y al agudizarse los problemas de gestión del sector público (el BCRP es la única institución que se salva) la inversión privada ha comenzado a disminuir, cayendo su valor total anual desde el año 2013 hasta la fecha (el año 2017 solamente representó el 17,1% del PBI). Otro rubro en el cual la economía peruana presenta indicadores preocupantes es en la balanza en cuenta corriente, donde a pesar del boom exportador que hemos tenido, ahora presentamos cifras negativas en esta cuenta (-2,7 del PBI en 2016 y -1,3 del PBI en 2017).

Por supuesto que la estabilidad económica de los precios en nuestra economía, tanto de los bienes y servicios como del dinero (tasa de interés) y de la moneda extranjera (tipo de cambio), ayudan a que tengamos una buena calificación financiera y que nuestros agentes económicos puedan financiar este déficit consiguiendo fondos en los mercados internacionales.

El otro problema macroeconómico actual es el denominado déficit fiscal, que no es otra cosa que el resultado económico del sector público no financiero; es decir, los ingresos públicos menos los egresos públicos. Este se ha incrementado significativamente en los últimos años y ha superado los límites establecidos en las leyes de responsabilidad fiscal, que ya fueron relajadas a mediados de esta década. Así, el 2015 tuvimos un déficit de 2.0 del PBI, el 2016 el déficit fue de 2,5 y el año 2017 el déficit fue de 3,1.

¿Hay solución?
El gobierno actual para enfrentar este problema en el corto plazo ha incrementado levemente el Impuesto Selectivo al Consumo, ISC (que representa aproximadamente el 6% del total de los impuestos recaudados). Su impacto no será significativo sobre la inflación (muy bien controlada por el BCRP), pero tampoco será significativo en la obtención de ingresos del Estado. La otra medida que se ha dado implica la reducción del gasto en bienes y servicios que realiza el Estado (este rubro representa 39% del total de gasto público); sin embargo, esta reducción tampoco es significativa. En consecuencia el déficit fiscal no tiene visos de ser contenido con estas medidas.

Lo que se requiere, que lamentablemente son soluciones de mediano y largo plazo, es una reforma tributaria que revise exoneraciones y amplié la base tributaria, elevando la presión tributaria que ahora se encuentra por debajo del 13% del PBI; y una reforma del Estado que revise todos los gastos que actualmente realiza el sector público en sus tres niveles: nacional, regional y local. No hay que olvidar que la deuda pública (tanto externa como interna) con la que estamos financiando el déficit fiscal se ha elevado a 24,8% del PBI el año 2017.

Pero, además de los problemas macroeconómicos que he descrito, tenemos problemas por el lado de la oferta (productores) cuya actividad económica presenta un alto porcentaje de informalidad (el año 2017 el empleo informal represento el 73.3% del empleo total), y bajos niveles de productividad. En el último Ranking de Competitividad Mundial, elaborado por el Institute for Management Development (IMD) junto a Centrum Católica como socio local, se observa que Perú se mantiene en los últimos años entre los 10 últimos de 65 países analizados. Este indicador que se construye con cuatro variables principales, indica que Perú está retrocediendo en las variables: desempeño económico y eficiencia del gobierno.

En adición, un tema pendiente que va más allá de la economía y tiene que ver mucho con la política es el la heterogeneidad territorial que presenta el país, tanto desde el activo en infraestructura hasta el tipo de actividad económica en cada región. Estas diferencias son inaceptables y conllevan a un país inviable con estas grandes diferencias. En este punto retomar un debate serio sobre descentralización y reforma del Estado es urgente. Lamentablemente, no veo estos temas en la agenda política nacional ni regional, salvo en Piura, durante el proceso de elaboración de la Agenda Regional para la Innovación (RIS3), liderada por la Universidad de Piura, la Universidad Nacional de Piura, la Cámara de Comercio y Producción y el Gobierno Regional del Piura, con el apoyo del Conytec.