Las mejores prácticas en dirección de personal no son fácilmente imitables

En pleno siglo XXI, con todo el avance tecnológico que se tiene, aún existen organizaciones con los mismos procesos y prácticas de personal que utilizan casi desde que fueron fundadas. Es imperativo que los actualicen.

“Estamos en una era del cambio donde lo más valorado es el talento humano y la ventaja diferencial de las empresas está en su equipo humano”, creo que ya es una frase de lo más común y que en todos lados la escuchamos. Sin dejar de ser cierta, la gran pregunta e inquietud de todo directivo es saber si realmente dicha frase también la “hace suya” en la empresa que dirige. Aunque se reconoce que es una verdad que no se puede refutar, la gran inquietud y problema de todo directivo es conocer cómo lograr “dicha ventaja con el equipo que cuenta” en su empresa.

Quizá la principal barrera que se pueda tener es no dar atención a este factor tan relevante en la organización: las personas.  Aún se tiene como prioridad a las ventas, a los costos, a la calidad productiva, a las finanzas, y todos los demás aspectos de toda empresa; esto está muy bien.  Sin embargo, en muchas ocasiones, el último tema de preocupación son los procesos y técnicas de personal.  O no se tienen bien definidas ni actualizadas, ni se cuentan con políticas idóneas al negocio y lo peor aún es el “gran desconocimiento” de la dirección de los resultados obtenidos por la aplicación de todos esos procesos en su empresa.

En pleno siglo XXI, con todo el avance tecnológico que se tiene, aún existen organizaciones con los mismos procesos y prácticas de personal que utilizan –casi– desde que fueron fundadas. Es decir, son sistemas y métodos que no se han actualizado de acuerdo al momento en que estamos.  Es como decir, que en una empresa aún se trabaja con máquinas de escribir y que las cuentas se llevan manualmente.  Esto es increíble en una organización con un cierto posicionamiento y algún número de años en el mercado.

Así como parece increíble lo anterior, y quizá sea un factor que resta competitividad, lo es también que haya empresas en las cuales los sistemas de reclutamiento y selección de personal no se han modernizado, la evaluación del desempeño quizá no termina de implementarse, la planificación de personal no se realiza porque “mi personal es temporal”, las remuneraciones no se han establecido técnicamente y quizá la política salarial es uno de los problemas para la dirección por el descontento que muestran los trabajadores cuando “se trata” de hablar de los sueldos…

En fin, son numerosos los problemas que se ocasionan, simplemente, porque lo último que nos preocupa es “mirar” cómo está nuestra gente, cómo se están realizando las nuevas incorporaciones y los diversos procesos de personal.  La preocupación es grande por el logro de los estándares de calidad y productividad; sin embargo, pasa a un segundo o tercer –o último– plano el grado de satisfacción de la gente en el desarrollo de las tareas a cumplir dentro de la empresa.

Es imprescindible, es imperativo en los tiempos actuales desarrollar las nuevas prácticas en dirección de personas y nuevos procedimientos y técnicas que vayan acorde a los objetivos estratégicos de la organización. Y, quizá lo más esencial sea conocer cómo los resultados de dichas prácticas de personal influyen y condicionan ese valor diferencial que toda empresa debe tener. Para lograr esto, lo primero que se necesita es que el directivo, propietario o dueño de la empresa se dé cuenta de que estas prácticas, sistemas o procesos de personal no son “copiables” o imitables de otras organizaciones, sino que deben desarrollarse ad hoc a las características de la propia organización. Este es el gran reto de toda Alta Dirección de las organizaciones, en el momento actual.