ROBERTO GÓMEZ DE LA IGLESIA

“Para lograr innovaciones radicales hay que hacer la expertise con el no experto”

El profesor internacional de la maestría en Gestión Cultural es un innovador nato. Se mueve en el terreno de la cultura, intentando vincular a las empresas con los artistas en lo que llama “conexiones improbables”.

La maestría en Gestión Cultural viene culminando su primer año de formación, con el módulo Proyectos y Ámbitos Culturales. En ese contexto, Gómez de la Iglesia llegó a Campus Lima a dictar el curso “Emprendeduría, microempresa y trabajo freelance”. El docente ya había visitado anteriormente la UDEP para participar en el II Simposio Universitario Latinoamericano de Gestión Cultural.

Economista de formación, Roberto Gómez de la Iglesia se metió desde joven en el mundo social y cultural. Hace unos años, fundó Conexiones Improbables, una comunidad de personas y organizaciones apasionadas por la Innovación Disruptiva.

Roberto Gómez de la Iglesia.

¿Cómo nace “Conexiones Improbables”?

En el 2003, planteé la reflexión sobre cómo las artes pueden relacionarse con el mundo empresarial, más allá del patrocinio o el mecenazgo. Es entonces cuando apareció la idea de introducir artistas y profesionales de la cultura en las empresas a través de un proceso de hibridación, no para hacer lo que uno espera de un artista: una pintura, una escultura, una coreografía, un libro, sino para incidir en los procesos creativos de la organización.

¿Cómo puede hacer eso un artista?

Con sus formas de mirar, su metodología, su investigación, puede ayudar a innovar en el modelo organizativo, en los productos, en los servicios, en las tecnologías, en las capacidades comunicativas. El artista no entra para decorar la fachada de la empresa o para hacer una escultura que se queda en la entrada, sino que realiza un trabajo colaborativo orientado a la innovación.

¿Eso es arte?

Sí. Es una práctica distinta del arte, es arte relacional, arte en contextos no artísticos. Tenemos gente que ha ganado premios Goya pero que, además de lo suyo, quiere intervenir en ámbitos no estrictamente artísticos. Por ejemplo, trabajar en un hospital, con los médicos y pacientes, para redefinir la ruta asistencial de enfermos de diabetes 2.

Digamos que el objetivo es la disrupción.

Así es. Cuando juntas gente que es experta en lo mismo, el grado de disrupción es muy pequeño. La única manera de hacer innovaciones más radicales es hacer la expertise con el no experto, el que es capaz de plantear nuevas preguntas y encontrar nuevas respuestas.

 

El trabajo interdisciplinar

Es realmente interesante eso de generar “conexiones improbables” entre profesionales.

Es que la barrera entre disciplinas es cada vez más borrosa, artificial. La realidad es compleja y, por tanto, es necesario abordarla desde distintos puntos de vista.

En tu experiencia, ¿por qué una empresa podría negarse a este trabajo conjunto?

Una de las barreras es la forma de pensar, no solo de parte de las empresas sino también de los artistas. Se paga por un consultor, pero no por un artista, porque no se sabe qué va a hacer y, además, existe el miedo a salir de la ortodoxia, a hacer algo diferente.

No se quiere salir de la zona de confort.

Correcto, pero hay una precisión: no se trata de salir de la zona de confort para vivir con un desasosiego permanente, sino para generar una nueva zona de confort donde la incertidumbre es natural. Pretendemos tener todo muy controlado cuando no es posible. En esto tiene mucha culpa el Management, que se obsesiona con la planificación. Hay que planificar, sí, pero también contar con que la realidad la rompe constantemente.

¿Qué otra barrera hay de parte de las empresas?

El riesgo. No es lo mismo arriesgar la misma cantidad de dinero con un artista que con una consultora grande. Esta te dice que asegura los resultados, pero o te miente o te quieres autoengañar porque en un proceso de innovación, nadie puede asegurar los resultados. La innovación es exploratoria e impredecible por esencia, sabes en qué dirección vas pero no exactamente a dónde llegarás.