En la Semana Administración de Empresas, ADE

Estudiantes de la UDEP comparten una mañana con los niños del Hogar de las Bienaventuranzas

Alumnos y docentes del programa académico ADE compartieron una mañana en el Hogar de las Bienaventuranzas, en Villa María del Triunfo.

Son las 10 de la mañana en el Hogar de las Bienaventuranzas, donde 80 niños esperan, ilusionados, al grupo de voluntarios del programa académico de Administración de Empresas (ADE) de la Universidad de Piura, quienes pasarán con ellos una mañana especial.

Almudena Arribas Beckermeyer, alumna del séptimo ciclo de ADE, que cada mes viene a visitar a los niños, quiso compartir y extender su experiencia con sus compañeros y, con los delegados de Formación, organizaron la visita como actividad inicial de la semana ADE.

“Conocí el hogar hace un par de años, a través de mi hermana, quien suele trabajar algunos proyectos educativos con los niños de aquí. Hoy, queremos también enseñarles algo, haremos una almohadita”, comenta Almudena, entusiasmada.

 Un hogar que crece cada vez más
“Hace 10 años era todo polvo”, recuerda Almudena. Hoy, observando la enorme iglesia que se erige en medio del hogar; los salones, tan bien construidos y decorados, las modernas carpetas, e incluso el coliseo recientemente edificado, aquella afirmación es difícil de creer.

El increíble crecimiento del hogar se debe al arduo trabajo del padre Omar Sánchez Portillo, quien fundó la Asociación de las Bienaventuranzas un 15 de julio del 2008. Durante casi una década, el albergue subsistió como pudo, gracias a las donaciones de almas caritativas; pero, hace un año, el padre Omar conoció a un empresario alemán interesado en invertir en iniciativas sociales, quien, en cuanto se enteró de la labor que realizan, no dudó en mostrar todo su apoyo para mejorar las instalaciones del albergue.

Además del Hogar de las Bienaventuranzas, la Asociación de las Bienaventuranzas ha fundado otras dos villas: Marina y Kusi Wasi. En palabras del padre Omar: “Es una obra de amor que sirve como espacio de acogida a quien nada tiene, a quien más necesita, a quien se siente abandonado y solo. Es un hogar donde acogemos a los ‘más pobres entre los pobres’ -como nos enseñó la Madre Teresa de Calcuta- permanente o temporalmente, dándoles calidad de vida y todo el cariño y amor de Jesús”.

Los huéspedes son niños, niñas, adolescentes, jóvenes, adultos y adultos mayores en abandono, con enfermedades físicas, psiquiátricas y/o necesidades especiales de educación, a quienes se les brinda alimentación, vestido, salud, vivienda y educación.