ARTÍCULO DE OPINIÓN

El agujero negro del siglo XX

El docente de la Universidad de Piura, Enrique Sánchez Costa, describe al escritor Primo Levi, importante autor de memorias, relatos, poemas y novelas.

Imagen: Tablet magazine

Primo Levi nació en Italia, en el seno de una familia secularizada. Fue arrestado por la Gestapo en 1943 en internado en Auschwitz. Narró su paso por el infierno en su libro más célebre: Si esto es un hombre (1947). Está escrito no con el tono inflamado del justiciero o de la víctima, sino con la prosa tersa, desnuda, impasible, desgarrada, propia del testigo veraz.

Levi señala el propósito deshumanizador del campo: busca “convertirnos en animales”, “anularnos primero como hombres para después matarnos lentamente”. De ahí el número tatuado en la piel, la desnudez impuesta, la violencia gratuita, el hambre perpetua, los alaridos continuos que infligen a los prisioneros. “No somos más que bestias cansadas”, “gusanos sin alma”.

Ahora bien, frente a la dicotomía maniquea entre verdugos y víctimas inocentes, Levi reivindica la “zona gris” en la que se mueven ahí la mayoría de prisioneros. Se impone el egoísmo y la lucha despiadada por la vida. Nadie ayuda a nadie. El prisionero, si puede, le roba el pan, la cuchara o los zapatos al vecino. “Todos son aquí enemigos o rivales”. Muchos, incluso, colaboran con el enemigo, para incrementar sus posibilidades de supervivencia: los Sonderkommandos de los crematorios, los kapos de los barracones, los prominentes…

Nuestro autor murió en Turín, en 1987, al despeñarse por la escalera de su casa (seguramente, por suicidio). El psiquiatra Viktor Frankl, también interno en Auschwitz, pero abierto a la trascendencia y la esperanza, escribió que el ser humano “siempre decide lo que es. Es el ser que ha inventado las cámaras de gas, pero asimismo es el ser que ha entrado en ellas con paso firme musitando una oración.