El terrible incendio de Notre Dame

A todos quienes tenemos cierta afición por la arquitectura, el arte o la historia nos acaba de devastar la lamentable noticia del incendio de la Catedral de Notre Dame (París).

Atónitos, vemos en los medios, cómo uno de los íconos de la capital de Francia, se va desmoronando entre las llamas. Siglos y siglos de arte se desvanecen en pocas horas.

Incendio de la catedral de Notre Dame. Foto de la agencia Andina.

¿Por qué nos sentimos afectados y tristes? ¿Por qué un patrimonio tan lejano nos preocupa? El arte, como tantas otras manifestaciones son universales. Se trata de un patrimonio que pertenece a los franceses y a todo el mundo. Obra de referencia del gótico francés que, además de su valor arquitectónico en sí mismo, guardaba innumerables tesoros artísticos y religiosos.

El inicio de su construcción data del año 1163 y se concluyó en las primeras décadas del 1300, aproximadamente. Ha sobrevivido a la revolución francesa y a dos guerras mundiales, aunque, a lo largo de su historia ha sido intervenida varias veces. Generaciones enteras han trabajado en su construcción. Muchísimo dinero y recursos se destinaron a edificarla, en nombre de la fe. Símbolo religioso de enorme valor durante siglos. Testigo mudo de innumerables hechos históricos. Fuente de inspiración de toda clase de artistas. Motivo de fascinación de entendidos en arquitectura y arte. Estas y muchas otras razones nos hacen sentirnos afectados por la triste noticia.

Absortos observamos cómo el fuego consume todos estos valores. Algunos lloran, otros rezan, otros, simplemente, lamentan en silencio el no poder hacer nada para detener las llamas que destruyen este patrimonio arquitectónico y artístico de primer orden, que, repito, es universal.

El patrimonio constituye el alma de los pueblos. Iglesias, edificios, plazas, espacios urbanos, son solo algunos elementos que conforman el imaginario de las personas, el que guardamos y atesoramos en nuestra memoria colectiva; y, por eso, cuando se daña, nos afecta.

El 15 de abril, Día Mundial del Arte, quedará grabado el triste incendio de Notre Dame en París. Una pérdida terrible para el mundo, pero que, indudablemente, servirá para reflexionar y darnos cuenta del valor del patrimonio; y, también, de su fragilidad. Al parecer, la estructura se ha salvado y, seguramente, el pueblo francés reconstruirá el edificio, que, de entre las cenizas, renacerá tan hermoso como antes, para seguir siendo parte de la historia de Francia y del mundo.