La mujer en la docencia universitaria

¿Cuál es el aporte de la mujer en la docencia universitaria? ¿qué pierde la sociedad, y especialmente la universidad sin la presencia de esta?

En los últimos años, el porcentaje de mujeres en las universidades ha ido creciendo, en algunas ha sobrepasado el 50%. En el Día Internacional de la Mujer nos preguntamos: ¿cuál es su aporte en la docencia universitaria? Y, en oposición, ¿qué pierde la sociedad, la universidad en especial, sin la presencia de la mujer?

Al respecto, la neurociencia va en la línea de privilegiar la capacidad relacional de la mujer, sin desconocer que los varones también la tienen. Pero sus estrategias son diferentes. La mujer tiene extraordinaria facilidad natural para lograr esas relaciones; en los varones es, mayormente, producto del aprendizaje, especialmente si tienen a una mujer a su lado: madre, hermana, esposa, amiga o compañera.

En este sentido, la docencia universitaria es un gran desafío porque la ciencia nos exige “objetividad”, ceñirnos a los datos de las ciencias experimentales, la estadística, la matemática bayesiana, etc. Sin embargo, el “gol de media cancha” de la mujer es que une estos datos con las relaciones personales. Por eso, su deber como docente es potente: humanizar la ciencia, el derecho, la política, etc. El mundo espera ese aporte, para evitar ser demasiado agresivo, mecánico, competitivo, deshumanizante.

Además del cultivo de las ciencias y de su tarea humanista, la docencia universitaria aporta también en el ámbito de la formación de la juventud: es eminentemente educadora, no se le pasan detalles, se da cuenta que detrás de una mirada perdida o una actitud retraída hay un joven o una chica con problemas. Sabe exigir, pero con la manera adecuada respecto de cada quien, tiene la palabra adecuada en el momento oportuno y, sobre todo, sabe animar, entusiasmar, dar una visión optimista aún en los casos más difíciles. Esa tarea científica y formativa es un gran aporte a la universidad y a la sociedad en general.