Con misa en el campus

UDEP celebró Fiesta del beato Álvaro del Portillo

La fidelidad y prudencia, como parte del camino a la santidad, fueron destacadas por el Capellán de la Universidad de Piura, P. Ricardo González, en la fiesta del beato Álvaro del Portillo.

El 15 de mayo, fue celebrada la misa en la Ermita de Campus Piura, ante las imágenes de la Sagrada Familia que don Álvaro del Portillo, quien fuera Gran canciller de la UDEP, regaló a esta casa de estudios. La celebración fue por la fiesta del Beato, fijada en el santoral para el 12 de mayo de cada año, conmemorando el día en que recibió su Primera Comunión.

El P. Ricardo González, capellán mayor de la UDEP, invitó a todos a seguir el ejemplo de vida de don Álvaro, “fijándonos en muchos de los aspectos y valores cultivados durante la vida de quien fue el primer sucesor de san Josemaría Escrivá, especialmente su fidelidad y prudencia”. Refiriéndose a la fidelidad, señaló que un hombre fiel “es una persona leal, coherente, de palabra. Hay coincidencia entre lo que dice, lo que promete, en lo que se compromete y sus obras y su comportamiento. Habla bien de los demás, especialmente a sus espaldas. Sus palabras y sus obras son sinceras”.

San Juan Pablo II con el beato Álvaro del Portillo. (Foto: archivo Opus Dei)

“El beato Álvaro era así, fiel, de una pieza. Este hijo me descansa, diría en cierta oportunidad san Josemaría”. En otro momento de la homilía, el P. González llamó a reflexionar sobre nuestra fidelidad: Preguntémonos ¿soy un hombre o una mujer fiel?, en los distintos aspectos de mi vida, ¿los demás pueden fiarse de mí? ¿Me pueden confiar cosas, tareas, preocupaciones? Debemos cultivar y desarrollar la virtud de la fidelidad, de la coherencia, respeto a la palabra dada, al compromiso asumido. Si no, no podrán confiarme nada, no se fiarán de mí”, subrayó.

Con relación a la prudencia, el P. González Gatica precisó que quien es prudente sabe poner los medios adecuados para alcanzar un fin bueno. “No es temor, metas pequeñas, empequeñecimientos. Se traza metas grandes, ambiciosas y desafíos; y estudia, pondera, identifica los medios que debe poner y los aplica. El beato Álvaro era así: prudente y, por eso, magnánimo. Acometió tareas grandes, con valentía, con seriedad y estudio, no alocadamente. Se atrevió y llevó adelante el término del camino jurídico del Opus Dei en la Iglesia, e inició la labor apostólica en tantos países, en los que objetivamente había dificultades”.

Invitó también a reflexionar sobre la virtud de la prudencia en nuestras vidas, que hace que otros puedan confiarnos grandes tareas: “¿Me atrevo a plantearme metas altas: estudio, trabajo, familia, ayuda a los demás; vida cristiana, santidad personal; y apostolado? O, ¿una falsa prudencia, me llevan a la falsa humildad, a no arriesgar mucho, a tener metas pequeñas; al conformismo y al temor?

Asistieron a esta celebración autoridades académicas de la Universidad, profesores y estudiantes. El Coro Universitario de la UDEP, que dirige el maestro Arturo Hernández, acompañó la misa.