Artículo de opinión. I parte

¡Altamente contagioso! La primera cuarentena de un virus de expansión mundial

Los italianos estaban en una situación de crisis para aplicar el aislamiento de localidades por la expansión del virus. El tiempo mostró que ningún cálculo podría hacer justicia al verdadero efecto de demorar esta medida.

El 7 de enero, algunos días después de que China notificara a la Organización Mundial de la Salud (OMS) acerca de las infecciones que había detectado, la comunidad científica anunciaba que la humanidad se enfrentaba a un nuevo virus, cuyos síntomas eran tos, dificultad para respirar, fiebre y, en los casos más graves, neumonía. Las primeras noticias sobre el Covid-19 se remontan a inicios del 2020, donde en pequeñas secciones de los diarios se informaba sobre este virus. Por ese entonces, la ciudad de Wuhan reconocía cerca de 40 personas infectadas. La raíz de esas infecciones era un mercado de mariscos que cerró en cuanto se reconoció la gravedad del tema.

El desconocimiento sobre esta problemática sanitaria alertó al mundo; sin embargo, la población vio con escepticismo la posibilidad de que este mal se expandiera a países de Europa y América. En tanto, los científicos estudiaban, contra el reloj, cómo funcionaba este virus, para poder detener su transmisión, países como Tailandia y Japón ya reportaban sus primeros casos.

El 23 de enero, el gobierno de China aisló a los habitantes de Wuhan, en un intento extremo para evitar la propagación del virus. En cuestión de horas, la medida de aislamiento se aplicó a más ciudades de China, afectando a más de 36 millones de personas. En ese momento, China contaba con 920 casos. El mundo miraba esta primera cuarentena y aplaudía la severa medida para frenar el avance de este virus. La primera lección que nos dejaba China era que el virus es altamente contagioso y que la medida más efectiva para frenar su expansión es el aislamiento absoluto de las localidades donde haya ingresado.

Para esta fecha, el virus ya se había expandido también a Taiwán, Singapur, Hong Kong, Estados Unidos, Corea del Sur y Nepal. El 24 de enero, se sumaban a esta lista Australia y Francia. Y antes de terminar enero, Alemania, Inglaterra e Italia anunciaban también sus primeros casos de contagios por el Covid-19.

Italia y el foco de infección en Europa
Febrero comenzaba con cifras que llamaban la atención: más de 12 000 infectados y casi 300 muertos en el mundo. Aunque Italia contó únicamente con dos casos hasta el 6 de febrero y luego con tres hasta el 20 de febrero, este país comenzaría pronto el proceso de contagio exponencial más alarmante de toda Europa. En tan solo nueve días, Italia pasaba de los 3 casos a los 1128 casos confirmados para el 29 de febrero.

Los italianos estaban en una situación de crisis para aplicar, al estilo chino, el aislamiento de las localidades que eran foco de la expansión del virus. La medida se adoptó recién el 7 de marzo por la noche, con casi 6000 infectados en el país.

Cuando el gobierno italiano anunció la medida, se calculaba que más de 16 millones de personas se verían afectadas por este aislamiento, pero se destacaba, sobre todo, la afectación que tendría la economía al paralizar la región de Lombardía, uno de los motores económicos de Italia.

El tiempo mostró que ningún cálculo podía hacer justicia al verdadero efecto de demorar esta medida. Tan solo dos días después, el primer ministro italiano, Giuseppe Conte, decretaba cuarentena completa para todo el territorio: “Toda Italia será zona protegida. Ya no hay más área roja, verde o amarilla. Todos los movimientos están prohibidos, excepto por necesidades probadas”. Italia confirmaba que, una vez que había transmisión comunitaria, la única medida eficiente para frenar el virus era la cuarentena con aislamiento obligatorio.

Al parecer, el camino estaba señalado para todo el mundo: en cuanto se confirmó la transmisión comunitaria, la mejor medida fue la cuarentena. Esperar solo expone al sistema de salud a un colapso, lo que tiene como consecuencia un mayor número de muertes, ya no solo por este virus, sino por todas las enfermedades que no podrían ser atendidas. De hecho, el 15 de marzo, Italia anunciaba que a las personas mayores de 80 años se les negaría el acceso a cuidados intensivos cuando ya no hubiera camas para la atención, porque tienen el sistema de salud completamente colapsado.