Artículo de opinión

De migraciones y retornos en la historia del Perú

La crisis generada por el COVID-19 ha obligado a miles de peruanos, muchos con sus familias, a retornar a sus lugares de origen, a la casa familiar.

Foto: Nodal (Noticias de América Latina y El Caribe)

En las últimas semanas, una de las noticias más importante de la coyuntura nacional, generada por el COVID-19 y que se relaciona con el ámbito económico, social y demográfico es el de los cientos de pobladores de distintas partes y regiones del Perú emprendiendo la vuelta a sus lugares de origen. Un techo seguro y, con mucho sacrificio y un plato de comida, quizá los esperan.

La falta de trabajo (sea este formal o informal) y no poder pagar el cuarto o pensión donde viven, o la universidad o instituto, en el caso de jóvenes que trabajan y estudian a la vez, ha obligado a miles de peruanos, muchos con sus familias, a retornar a sus lugares de origen, a la casa familiar.

En diversas publicaciones, he visto con sorpresa que la denominación que los periodistas les dan a estos sucesos es “migración”, cuando el término más apropiado, según mi parecer, debería ser “retorno”, ya que esto es lo que están haciendo estos peruanos de Piura y Huancavelica, por ejemplo, dos de los casos más tratados en las últimas dos semanas.

Las migraciones se han producido a lo largo de la historia en todas las sociedades. Hoy se habla de migración interna, en los casos mencionados; y de migración externa, como la de miles de hermanos venezolanos que han llegado en los últimos años al Perú.

¿Por qué se van?
Las causas de las migraciones, en la actualidad, son diversas. Las principales tienen que ver con la expectativa de tener un mejor porvenir económico, que creen lograrán trabajando en la ciudad capital, en nuestro caso Lima o en la capital de departamento: de esta manera, la mayoría de las personas que migran ingresan a trabajar en el sector informal. Otro motivo son los estudios, como el caso de muchos jóvenes piuranos y huancavelicanos que estaban en Lima, donde trabajaban a la vez para pagar sus estudios, su cuarto y otros gastos; esperando que, una vez concluidos dichos estudios, pudieran conseguir un buen trabajo. Pero, de pronto sus sueños y su realidad se han visto alteradas totalmente por la inesperada pandemia.

Aunque menos frecuente que las dos causas anteriores, en nuestra historia reciente tenemos el caso de los migrantes obligados a salir de sus lugares de origen y migrar principalmente a Lima, a casas de familiares, a raíz de la demencial violencia terrorista de Sendero Luminoso de los años ochenta y principios de los noventa del siglo pasado. Estos migrantes, junto a sus familias, pudieron retornar a sus lugares de origen una vez pasado el peligro que corría sus vidas y la de sus familiares en sus pueblos natales, por las amenazas terroristas.

A mediados del siglo pasado, cuando aun no había universidades en nuestro departamento, muchos jóvenes que acababan la secundaria, migraban principalmente a Trujillo y a Lima a realizar sus estudios superiores. Hay casos protagonizados por nuestros padres, abuelos o conocidos que tuvieron que migrar para estudiar, volviendo a su tierra natal (en una gran mayoría) inmediatamente después de culminar sus estudios; otros volvían más tarde, y algunos ya no lo hicieron, pues conseguían trabajo en donde estudiaron, en otras localidades o en el extranjero. Conozco casos principalmente de médicos y abogados que tuvieron estas oportunidades.

Migraciones antiguas
Ya centrándonos en el caso de la migración en otras épocas, estas se han presentado continuamente. Tal vez uno de los casos más antiguos sea el de los colonos mitimaes que, incluso antes de los Incas, salían de sus centros de origen ubicados a grandes alturas a colonizar tierras ubicadas a menor altura, tanto al oriente como el occidente, para acceder a una mayor variedad de recursos económicos. Así, el reino Lupaca podía obtener en su centro o capital Chucuito, hasta pescado seco del litoral, proporcionado por sus colonos ubicados en lo que hoy sería el litoral moqueguano y, la hoja de coca de la zona yunga de lo que hoy es Bolivia.

Los Incas, a lo largo de sus conquistas de expansión territorial, impusieron traslados a otros lugares de grandes cantidades de hombres de los pueblos sometidos por la fuerza y que habían resistido militarmente al ejército cusqueño, para mantener en aparente paz a los conquistados. Es el caso de don Diego Figueroa Caxamarca, quien llegó a ser alcalde de indios en la ciudad de Quito a fines del siglo XVI y quien señalaba haber sido obligado por los Incas junto a su padre y cientos de hombres de Caxas (que formaba parte del reino Guayacundo) a trasladarse a Quito, donde los sorprendió la conquista hispana, nueva autoridad a que según sus propias palabras sirvió “muy bien y fielmente”.

A fines del siglo XVI, y durante el siglo XVII, se produce una gran cantidad de migración de indígenas de sus pueblos origen, para evitar pagar el monto del tributo anual que debían dar a sus caciques y evitar también el trabajo mitero (sea en las minas, en los tambos, en la ciudad, en los obrajes o como pastores cuidando el ganado). En los padrones tributarios de dichos pueblos aparecen como indios “ausentes”, “fugados” o “huidos”. Migran tratando de evitar la presión de dichos pago y trabajo obligatorio, pero también para evitar la presión y maltratos de sus caciques y encomenderos.

El “Padrón de los indios que se hallaron en la ciudad de los Reyes del Perú, hecho en virtud de comisión del Marqués de Montesclaros, Virrey del Perú” en 1613, contiene el detalle de los indígenas que no son originarios de Lima pero que han migrado a la ciudad de Lima por diferentes motivos. Así como hay indios originarios de la China o Japón, hay indios procedentes de otras regiones de América, incluido el corregimiento de Piura. Hemos podido comprobar que la mayoría de indígenas “piuranos” procedían de Catacaos, Paita y Olmos [pueblo que pertenecía al corregimiento de Piura en aquél entonces]. También hay indios e indias procedentes de la sierra, especialmente de Huancabamba. Por esta misma época, en la ciudad de Trujillo, también aparecen viviendo allí indios procedentes principalmente de Catacaos y Olmos, presencia que se entiende dado que su actividad principal era el arrieraje y servían el tráfico comercial y de pasajeros que iba hacia Lima.

Vemos pues cómo un tema de actualidad, como el que hemos reseñado brevemente en los primeros párrafos de este artículo, se ha presentado en diferentes momentos de nuestra historia. Es un ejemplo más de cómo el conocimiento histórico nos permite tender puentes entre el pasado y el presente. Estos casos que hemos reseñado, de los siglos XIV al XVII, son ejemplo de ello.