Artículo de Opinión

Enseñar a los hijos a vivir la esperanza

La esperanza nos lanza al futuro de manera activa para aprovechar el tiempo, no viéndolo como simple transcurrir de horas y días, esperando que acabe la cuarentena.

En la cuarentena, los chicos pueden perder la esperanza, especialmente si perciben amenaza, peligro o desasosiego, ya que un buen número de padres están haciendo teletrabajo que, en su fase adaptativa, requiere el doble del esfuerzo que un trabajo normal. Entonces, los chicos, con sus neuronas espejo “escanean” esa situación de estrés y les preguntan: ¿cuándo acabará esta situación de la pandemia?

En esta situación, hay que enseñarles que saber esperar no es cruzarse de brazos pasivamente, como en un conformismo estático, ni es un “no queda de otra”. En cambio, la esperanza nos lanza al futuro de manera activa, para aprovechar el tiempo, no viéndolo como simple transcurrir de horas y días, esperando que acabe la cuarentena.

Mirar el futuro es muy importante en la educación de los hijos. El mañana será mejor si aprovechamos el “ahora” para crecer: en conocimientos, habilidades, en hábitos buenos; esta es la mejor manera de aprovechar el tiempo. El ser humano es capaz de crecer sin límite, a diferencia del cuerpo. Las potencias más altas: la inteligencia y la voluntad crecen ilimitadamente. Por tanto, la virtud de la esperanza requiere el aporte de cada uno.

Después de la pandemia, el futuro será mejor o peor dependiendo de lo que hayamos aportado cada uno, sin esperar una varita mágica. La esperanza comporta un deber, una obligación: poner lo que podamos para mejorar la situación presente y futura. En fin, el futuro será mejor si uno mejora.

Por tanto, la tarea esperanzada no mira al propio beneficio, sino que debe alcanzar a otros, es una tarea colaborativa. En esta línea, hay una gran cantidad de iniciativas que los chicos pueden hacer en casa y que los pueden hacer aún mejores, ya que la inmovilización física no comporta la inmovilización interior. Hay que aprovecharlos para colaborar en casa, para cultivar las amistades; para leer, para adaptarse al nuevo modelo de aprendizaje on line, para ayudar a los hermanos y para crecer en paciencia, buen humor y optimismo.

Una solidaridad básica es la obediencia. El quedarse en casa puede ser, en algunos casos, una virtud tan heroica como la de una enfermera o médico en la UCI de un hospital, ya que no se hace sólo por uno mismo sino también por los demás, para evitar que el virus se expanda. En esto, como en todo, el ejemplo y unión de los padres es fundamental para que los hijos descubran y crezcan en esperanza y alegría en los momentos difíciles.