ARTÍCULO DE OPINIÓN

El estado de derecho y el arlequín de la corte

Respeto a la Constitución y las leyes. Si no exigimos eso, dejamos de ser ser ciudadanos y nos convertimos en vasallos que piden limosnas a los detentadores del poder para acceder a nuestros derechos.

La democracia es el sistema de gobierno en el cual las personas que conforman una comunidad deciden gobernarse a sí mismas. Cuando son muchos los miembros, se crean instituciones para que se encarguen de organizar la comunidad y se elige a algunos para que la dirijan (democracia representativa).

A lo largo de la historia, muchos de los que llegaron al poder abusaron del mismo. Los ejemplos sobran. El estado moderno optó porque sea el ordenamiento jurídico el que nos gobierne y no vivir al capricho del gobernante (estado de derecho). Por ello, nuestra Constitución prevé, en el artículo 45, que quienes lo ejercen [el poder] lo hacen con las limitaciones y responsabilidades que la Constitución y las leyes establecen. Otros artículos van en la misma línea: el Congreso debe velar por el respeto a la Constitución y las leyes (artículo 102.2); el Poder Judicial ejerce su poder con arreglo a la Constitución y a las leyes (artículo 138); el Presidente debe cumplir y hacer cumplir la Constitución y los tratados, leyes y demás disposiciones legales; y los gobiernos regionales y locales se constituyen y organizan en los términos que establece la Constitución y la ley (artículo 189).

Alguno podría decir que las circunstancias obligan a no vivir el Estado de Derecho. La frase salus populi suprema lex esto (la salud del pueblo es la suprema ley), de Cicerón, se ha visto enarbolada por muchas personas. Sin embargo, haciendo una interpretación más literal, se podría señalar que siempre la ley vela por la salud del pueblo. Por ello, la Constitución (artículo 137) establece que ante graves circunstancias que afectan la vida de la Nación, se decrete el estado de emergencia. Pero, como se señala expresamente, sólo limita algunos derechos colectivos de los ciudadanos, mas no limita la obligación de ejercer el poder bajo el ritornello “respeto a la Constitución y las leyes”.

Al sol de hoy, la frase ciceroniana se entiende como si el fin justificara los medios. Ese todo vale incluye los caprichos de los gobernantes. Para muestra, varios botones: Richard Swing, gastos de compras en Palacio de Gobierno, etc. Los otros poderes del Estado y los gobiernos regionales y locales no se quedan atrás. Por ello, aun cuando podamos caer pesados con la misma cantaleta, hay que recordar siempre el mismo ritornello: “respeto a la Constitución y las leyes”. Si no exigimos eso, dejamos de ser ser ciudadanos y nos convertimos en vasallos que piden limosnas a los detentadores del poder de turno para acceder a nuestros derechos, mientras ellos viven felices, entretenidos por los arlequines de la corte.

Este es un artículo de opinión. Las ideas y opiniones expresadas aquí son de responsabilidad del autor.