Blanca Castilla de Cortázar

“Hasta hoy, la antropología filosófica que se ha hecho ha sido asexuada”

“Lo dicho de la mujer a lo largo de la historia es muy sesgado y, casi siempre, produce irritación ontológica, porque señala la inferioridad, pasividad y la sumisión unilateral, sobre todo para la mujer casada”.

Invitada por el Instituto de Ciencias para la Familia (ICF) Universidad de Piurade la , la doctora Blanca Castilla de Cortázar participó en el conversatorio en línea “Mujer ¿quién eres?”, en el que expuso una antología sobre la antropología de la mujer y del varón.

Esta antología, dijo, se ha venido preparando a lo largo de tres décadas y está lista para publicarse en las plataformas digitales. La doctora Castilla de Cortázar es consejera senior del ICF y profesora ordinaria del Pontificio Instituto Juan Pablo II. 

Indica que su libro tiene como trasfondo el pensamiento y las líneas abiertas por Juan Pablo II, porque resitúa esta cuestión en nuevas coordenadas, filosóficamente, porque parte de la noción de persona y, teológicamente, de la imagen de Dios. En la Carta a las Mujeres se reconoce, por primera vez, que la mujer como tal es imagen de Dios; antes se había dicho que lo era, pero junto al varón.

Considera que la imagen de Dios es una imagen trinitaria, o sea que el ser varón y mujer, que es pluralidad de personas (dos) es una imagen de las personas divinas que son tres. Esto cambia completamente el horizonte de la investigación sobre este tema.

Refiriéndose al título “Mujer ¿Quién eres?”, precisó que la antropología filosófica que se ha hecho hasta ahora ha sido asexuada y nunca se ha pensado ni se ha explicado en serio en qué consiste ser varón y en qué consiste ser mujer. Se partía de un modelo único, abstracto del ser humano sin profundizar en qué consiste y dónde radica esa diferencia compatible con la igualdad.

“Cuando los varones han pensado a las mujeres, las han sublimado o las han subordinado como lo han hecho incluso filósofos y teólogos. Otras veces, la han situado detrás o quizás delante, pero nunca de lado. Y cuando las mujeres han querido afirmar su propia identidad en el siglo 20, las alternativas propuestas han sido imitar al varón o competir con él y suplantarlo”.

“Esto es lo que hacen todas las corrientes influidas por el marxismo; o bien trivializar y anular la diferencia divulgando actualmente la utopía del neutro, como lo hace en parte la ideología de género”, precisó la ponente.

Refirió que recién en el siglo XX se acelera la defensa de la dignidad de la mujer, “desde la antropología cultural, aunque no se puede saber lo que es ser mujer sino es frente al varón, el pensamiento ha considerado desde siempre que los varones son lo humano, y casi nunca han abordado su condición desde lo propio y distintivo. Los hombres se han considerado siempre el prototipo de la humanidad, y cuando se estudiaba a las mujeres, solamente se hacía hincapié en que eran diferentes, olvidando que igualmente pertenecen al género humano y que ambos tienen una humanidad común”, expresa.

Por otra parte, agrega, “en este libro no preguntamos qué es la mujer sino quién es, porque la mujer ante todo es una persona, dueña de sí misma, porque nadie puede ser dueño de otra persona, por tanto, no es esclava de nadie”.

Agrega que no se puede conocer a la mujer sin saber quién es el varón porque frente a frente son seres coexistentes De ahí que la identidad, como varón y mujer es la coidentidad. En primer lugar, es preciso estudiar a la persona desde cuatro dimensiones. La mujer es un quién no un qué. Un qué son las cosas. Las personas tienen valor por sí mismas, no están en función de la especie. Cada persona supera una especie, por eso se les ha denominado subsistentes, no sustancias, pues están ancladas en el acto del ser.

En otra de sus tesis, señala que el sexo es una condición orgánica y ontológica recibida “Nosotros nacemos o varón o mujer. Junto al cuerpo, la psique y el espíritu, se nace varón o mujer. Entonces ¿A qué dimensión pertenece el ser varón o ser mujer? ¿Al cuerpo, a la psique o al espíritu? Esta diferencia no se ha estudiado mucho, aunque se trata de una diferencia transversal, porque está presente en cada célula del cuerpo. No se trata de que el cuerpo es sexuado porque tiene unos órganos sexuales diferenciados en el varón y en la mujer, sino que la identidad sexual está genéticamente en cada célula”.

Juan Pablo II afirma que la diferencia entre varón y mujer, y por tanto la complementariedad, no es solo biológica y psicológica sino también ontológica, porque tiene que ver con ese acto de ser peculiar que cada uno tenemos, señala Castilla de Cortázar. Esto quiere decir que la diferencia entre varón y mujer tiene connotaciones espirituales que hasta ahora no han sido estudiadas. La diferencia más importante entre ambos es su dimensión espiritual, aseguró.