Detrás de las palabras

Miel de palo

La miel de palo se sigue comercializando a pequeña escala. Esteban Puig dice que es “buena para el estómago y la sangre”;  Arámbulo, que “sirve para corregir las enfermedades de la piel”; y Lupe Camino,

“En las Indias, decía ya el primer diccionario académico, es una miel que se cría y labra en los árboles por unas avispas, que son negras y del tamaño de las moscas”. Hay miel de palo desde Piura hasta el noroeste de Argentina, pero las distintas especies de abeja melipona están en grave peligro por la invasión de especies foráneas y por la pérdida de su hábitat.

Gonzalo Fernández de Oviedo resaltaba su abundancia. Pedro Cieza de León (1553) también señalaba que “en las concavidades de los árboles se cría mucha miel singular”. Bartolomé Cobo (1653) observa que “toda la miel que se recoge en este reino del Perú es silvestre”, que no se aprovecha “por la abundancia de azúcar”, salvo para medicina, “para lo cual nunca falta”.

Puede que el piurano Villegas y Quevedo ayudase a redactar esa definición lexicográfica de la miel silvestre, recordando que “sirve solo para las preñadas”. José Ignacio de Lecuanda (1793), menciona en este partido hasta seis clases diferentes, destacando en primer lugar las chucarumbas, además de ergones, tachungas y nimbuches, que “fabrican sus panales en los árboles”.

La miel de palo se sigue comercializando a pequeña escala. Esteban Puig dice que es “buena para el estómago y la sangre”;  Arámbulo, que “sirve para corregir las enfermedades de la piel”; y Lupe Camino, “para volver el útero a su forma”. Esta región rica en endemismos ofrece todavía espacios para las especies autóctonas. Se conserva el nombre del ergón o abeja ergona, pero no se registran los otros nombres.

Esteban Puig recoge alpargate y jolope, como nombres específicos de la abeja de campo que elabora la miel de palo. Arámbulo Palacios recoge también los nombres del alpargate, el joropo y el usuyau. El alpargate es también conocido en la región lambayecana. Enrique Brüning menciona el huongongo. Todos esos nombres parecen provenir de las antiguas lenguas norteñas.

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