ARTÍCULO DE OPINIÓN

¿Qué le corresponde ahora al Gobierno?

El Gobierno debe rodearse de la mejor gente. Cuando esto no es así, es fácil gobernar utilizando el miedo como mecanismo de control y se puede caer en la mentira.

Foto: archivo del MEF

Últimamente ha quedado claro que al gobierno le cuesta mucho ejecutar: la estresante lentitud, la enmarañada regulación y los magros resultados son manifestaciones de tareas que no le son propias. Sí, el Estado debe asumir actividades exclusivas como justicia, defensa, orden interno, y también educación y salud- aunque en estos aspectos facilitando la incorporación del sector privado-. Asimismo, tiene que coordinar, promover e impulsar la economía, el comercio y la industria.

De esta manera se pone en vigencia el artículo 59 de la Constitución: “El estado estimula la creación de riqueza y garantiza la libertad de trabajo y la libertad de empresa, comercio e industria. El ejercicio de estas libertades no debe ser lesivo, a la moral ni a la salud ni a la seguridad públicas”.

Pero, con frecuencia subestima a los ciudadanos y a la capacidad de las empresas, porque quiere tenerlo todo, controlarlo todo, dirigirlo todo. ¡No somos pigmeos mentales!

Las empresas privadas, con su actividad, contribuyen al sostenimiento del Estado y garantizan así la realización de sus fines, favoreciendo las tareas de promoción y desarrollo de infraestructura. El Estado no crea riqueza; todo lo que gasta lo ha recibido gracias a los impuestos de las empresas y de los ciudadanos (de los pigmeos mentales).

El funcionario público es un servidor público que debe servir a la sociedad y no servirse de ella. Por ello, el gobierno debe tener el menor tamaño posible para ejecutar eficazmente su tarea. ¡Tenemos demasiados ministerios! Uruguay tiene 13; Alemania 14; nosotros, 19… Además, vemos año a año que no completan el programa de inversiones. (el de gasto corriente sí, y cada vez tienen más empleados).

El Gobierno debe rodearse de la mejor gente y, como decía un maduro directivo: “El secreto está en contratar cada vez mejor gente, ¡mejor que uno! Cuando esto no es así, es fácil gobernar utilizando el miedo como mecanismo de control y se puede caer en la mentira.

El filósofo Leonardo Polo dice “El miedo y la mentira rompen la vida social, aíslan a las personas porque hacen imposible la confianza. ¿Cómo puedo fiarme de alguien si yo miento y él miente? ¿Cómo puedo confiar en alguien si yo tengo miedo y él tiene miedo?  Y la vida social se tiñe de hipocresía porque el miedoso y el embustero son socialmente hipócritas, lo cual es una de las actitudes vitales más detestables: esas personas que parecen honorables y después actúan de otra manera”.

Es necesario convocar a los mejores profesionales, recibir su consejo y orientación. Es necesario impulsar la iniciativa privada que, “es expresión de la inteligencia humana y de a exigencia de responder a las necesidades del hombre con creatividad y en colaboración”. (Compendio Doctrina Social de la Iglesia, n.343).

No hay que edulcorar la realidad; basta de promesas: esta pandemia y unas respuestas poco atinadas golpearon durísimamente a la población. Es urgente ponernos a trabajar, todos. Con los protocolos sanitarios correspondientes. Pero, por favor, que esto no sea un embutido; el plan “Arranca Perú” debe ser reemplazado por el “Suelta Ya”. La acción privada, como resorte comprimido, al ser liberada, saltará en mil iniciativas y será la que podrá recuperar buena parte de los puestos de trabajo y generar riqueza.

El país tiene muchísimas necesidades, incluso espirituales, por lo que también ¡hay que abrir las iglesias!: es absurdo pretender que el Gobierno las atienda. Al César lo suyo y lo demás a quien corresponde. La tarea es inmensa y el tiempo apremia: es hora de ver las cosas como son.

Este es un artículo de opinión. Las ideas y opiniones expresadas aquí son de responsabilidad del autor.