Artículo de opinión

Sanando las heridas emocionales

Es normal sentir emociones negativas, el problema está cuando no somos capaces de resolver la situación y el dolor se fija en nuestro interior.

Las heridas no sanan de la forma en que te gustaría, sanan de la forma que necesitan sanar. Les toma tiempo a las heridas desaparecer en cicatrices. Se necesita tiempo para que el proceso de sanación tome lugar. Date ese tiempo, date esa gracia. Sé amable con tus heridas, sé gentil con tu corazón”. (Anónimo).

Todos hemos sufrido un accidente, grande o pequeño, que ha dejado heridas en nuestro cuerpo; o hemos vivido experiencias que han marcado nuestro carácter y, de alguna manera, nos llevan a sentir, pensar y actuar de cierta forma.

Las heridas emocionales dejan cicatrices que evidencian en la actitud y la personalidad de quien las padece. Esto sucede, principalmente, cuando dejamos pasar nuestros problemas pensando que se resolverán solos, con el tiempo.

Cuando un acontecimiento nos genera una emoción intensa de dolor, rabia, tristeza, miedo, u otra, y no lo resolvemos adecuadamente, nos causa heridas emocionales que tardan más en curarse que las heridas físicas.

Es normal sentir emociones negativas, el problema está cuando no somos capaces de resolver la situación y el dolor se fija en nuestro interior. Esto, con el paso del tiempo, acaba causando una herida emocional.

Dicen que el tiempo lo cura; pero, a veces, con el paso del tiempo sentir emociones negativas cae dentro de la ‘normalidad’, es ahí cuando surge el problema. Empieza porque no somos capaces de resolver la situación y el dolor que genera.

Es muy importante controlar las emociones, para que no acaben controlándonos en determinada situación, impidiéndonos ser objetivos y racionales. Algunas nos sumen en la tristeza o la rabia. Nos creemos incapaces de aceptar y afrontar la situación y cada vez que la recordamos aparecen de nuevo el resentimiento y los problemas de autoestima.

Muchas personas se centran en el presente y dejan el pasado atrás para no sufrir, olvidando que somos lo que somos gracias a los momentos vividos (buenos y malos), a quienes nos ayudaron o hirieron, a los caminos que hemos seguido y los que dejamos de recorrer.

Para sanar nuestras heridas emocionales, los profesionales recomiendan aceptarlas como parte de nosotros y de nuestra historia. De las malas experiencias siempre se puede rescatar algo bueno, enseñanzas y aprendizajes.

Finalmente, perdonar a la persona que nos haya provocado las heridas emocionales nos liberará del dolor, para poder cuidarnos, dedicarnos tiempo, practicar deporte y ejercicios de relajación. Lo más importante es intentar ser positivo y ver el vaso medio lleno en lugar de medio vacío.