Artículo de opinión

¡Que no nos falte la Eucaristía!

Ahora que necesitamos mucha fuerza para salir adelante, apoyémonos también en la fuerza de la vida espiritual.

Foto: Archivo UDEP.

Un deseo para comenzar este 2021: ¡que no nos falte la Eucaristía! Dejemos atrás aquellos meses en que, a pesar del esfuerzo continuo de nuestros sacerdotes por seguir atendiendo a sus fieles, el acceso a los sacramentos se había vuelto difícil.

Los medios de comunicación, indudablemente, prestaron un valioso servicio transmitiendo las misas; pero, ningún medio puede sustituir la participación personal en los sacramentos. Como señaló el papa Francisco, una cosa es la Iglesia en una situación difícil que el Señor permite, pero “el ideal de la Iglesia es estar siempre con el pueblo y con los sacramentos”.

Gracias a Dios, en nuestra arquidiócesis se pudieron volver a abrir los templos en agosto, y desde noviembre se comenzó a celebrar la Eucaristía con asistencia del pueblo, con aforo reducido y observando todas las medidas sanitarias establecidas por las autoridades civiles y eclesiásticas.

Ciertamente, no podrán volver todos inmediatamente a la Misa, y habrá un grupo para el que -como han señalado los obispos- seguirá vigente la dispensa del precepto dominical en atención a su edad o estado de salud. Sin embargo, es importante que nadie deje de sentir la urgencia de acudir al encuentro del Señor, porque nuestra vida cristiana no puede prescindir del alimento eucarístico ni del encuentro con la comunidad en el templo para celebrar el día del Señor.

Ya en el año 2002, el Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales estudió las formas en las que nuestra fe podía expresarse a través de la Internet. Entonces, aun reconociendo su gran utilidad, precisó que “no existen los sacramentos en Internet” y que “la realidad virtual no sustituye la presencia real de Cristo en la Eucaristía”.

En el mismo sentido, el cardenal Robert Sarah, el encargado del Papa para los temas relativos a los sacramentos, escribió en setiembre una carta remarcando que “Dios encarnado se ha entregado a nosotros no de modo virtual, sino realmente” y que, por eso, “este contacto físico con el Señor es vital, indispensable, insustituible”.

Ahora que necesitamos mucha fuerza para salir adelante, apoyémonos también en la fuerza de la vida espiritual. Volvamos a la celebración de la Eucaristía, a la Confesión, y a los demás sacramentos con alegría y con responsabilidad (observando estrictamente los protocolos y evaluando siempre nuestra salud y la de nuestros familiares). Porque la necesidad de cuidamos no solo debe ser por nuestra salud terrena, sino también por la eterna.

Este es un artículo de opinión. Las ideas y opiniones expresadas aquí son de responsabilidad del autor.